martes, 17 de abril de 2012

Fragmentos.



Quisiera tener un recuerdo conmemorativo semejante de todos y cada uno de los seres que he querido en el mundo. Y no es solamente el parecido lo que precio en tales casos, sino las asociaciones y la sensación de proximidad que la cosa supone... el hecho de que la sombra misma de la persona esté allí, fija para siempre. En lo que pienso es en la santidad misma del retrato, y no, no me parece tan monstruoso de mi parte, decir justamente aquello contra lo que mis hermanos se oponen con tanta vehemencia, a saber, que prefiero uno de estos relicarios de un ser querido antes que el más noble de los trabajos jamás producido por un artista.-Elizabeth Barren (En carta a Mary Russell Mitford, 1843)”. Sontag, Susan (2006).



Álbum: 




1.  Una linea se proyecta allá donde no podemos ver más. En ella el mar y el cielo se besan, y una nueva tierra empieza a cobrar vida. Esa misma linea se hace perpetua, se extiende más y más. Siempre más. Ellos juegan, pescan, sobreviven: ¡Son anfibios!  



2. Adentro la gente va inmersa en su propia historia. Afuera, la ciudad se vuelve un paisaje en movimiento que va intercalándose entre la aceleración constante y el freno repentino. Adentro, somos extraños buscando adivinar al otro. Afuera, todos son rostros que se confunden entre emociones apenas visibles.



3. La historia que se mantiene en pie y se desdibuja en la memoria. La historia que hay que construir y dejamos que otros construyan. Las flores crecen cerca del monumento, y juegan a verse sin opacarse. El gris y ellas amarillas. El imponente y rencoroso; ellas, sencillas y coquetas.



4. Hermanos desde siempre. Allí por quién sabe cuánto tiempo. Con ese verde que se extiende y se estrella con la arena de la playa que se toca tímidamente con el mar. El sol les sonrie por encima y los hace ver más vivos que nunca. Llega la lluvia y ellos siguen ahí, valientemente erguidos.




5. Es un abuelo del tiempo. Acunador de miles de historias de cada niño que se encaramó en sus ramas para sentirse libre; de cada canción que un pajarito entonó antes de volver a alzar el vuelo; de cada sueño que alguien tuvo cuando se acostó a sus pies a reposar un rato. ¡Viejo árbol de no sé qué, cuéntanos parte de tu historia!




6. En Bocachica, hay dos clases de patrimonio. Está el construido, ese que puede volverse ruinas y quedar sólo en las fotos. Ese mismo que muchos en Cartagena desconocen. El otro, camina por las playas, habla con su vecino y vive con el mar como su terraza. La gente es un patrimonio vivo que, por momentos, parece estar olvidandose de si misma. La gente que muere estando en vida, se condena a un olvido total y permamanente. ¿Dónde habita la mágia que Luis Dario Bernal Pinilla vio al escribir “Catalino Bocachica”?



7.  ¿Cómo será ver el cielo desde la jaula? Quizás sea como sentarse cerca de la ventana e imaginar que partes a un nuevo lugar. La diferencia, es que tú puedes abrir la puerta cuando quieras. Entonces, puede que ellos con todo su color en esa jaula esperen ver la puerta abierta para buscar ese nuevo lugar -Escapar-: ¡Especulaciones!





8.  Arriba. ¿Dónde? ¡Allá arriba! ¿Arriba dónde? ¡Arriba, más arriba de lo que crees! ¿Pero por qué arriba? No lo sé, pero es arriba.  ¿En el cielo? ¡No! Hay algo más allá arriba. ¿Algo más? ¿Qué es? ¡Mira! ¡Allá arriba! // El Colegio del Cuerpo en el Teatro Adolfo Mejía. 


Por:  Márquez.






lunes, 9 de abril de 2012

Todos con el mismo corazón.


La Cumbre de las Américas nos tiene sensibles a todos. Es que tantas medidas de seguridad nos hacen sentir como si fuésemos culpables de algo, o sospechosos o ajenos a este lugar. Imaginen que van por la calle y se cruzan con los antimotines uniformados como para detener a un batallón, caminas más y ves a los de verde circulando y cercando a cualquier persona extraña para que coja su rumbo por fuera del centro y eso, sin contar con las tanquetas que están allí formando parte del paisaje. ¡Medidas de seguridad en todos lados! Como si éste fuese un cuento de terror. Pero bueno, todo sea por la Cumbre.

El punto aquí no es seguir hablando de lo mismo, es otra cosa. Me llamó la atención los carteles luminosos que hay en distintos puntos del Centro Histórico, letreros que además de toda su luminosidad muestran mensajes bastante particulares que reafirman toda la seguridad que debe sentirse durante la Cumbre. Me referiré a uno en especial, un mensaje que muestra el slogan de La Policía Nacional y que reza: Todos con un mismo corazón. 

¿Y qué es lo que me sorprende? ¿Acaso no son ellos los héroes de este país? Pues bien, pude morir de la risa al leer el mensaje. Se refieren al corazón de quién exactamente, me pregunté.  ¿Será acaso al mismo corazón de los estudiantes a los que atacaron con gases lacrimógenos cuando se luchaba contra la ley de educación?  ¿Será el mismo corazón de los que se sintieron agredidos el día de la Marcha de la Diversidad sexual? ¿Será el mismo corazón de los que requisan simplemente por el poder que sus uniformes y sus armas les “otorgan”? ¿Será el mismo corazón de los que protestaban contra el Juan Valdez de la Plaza de la Paz  y que ellos arrinconaban con la excusa de que molestaban a los clientes del lugar? Eso, solamente refiriéndome a la parte local.

Como una institución que en más de una ocasión demuestra que el ciudadano es su menor importancia, puede atreverse a suponer que siente con el mismo corazón de la gente. Basta con salir a la calle y ver las reacciones de más de una de las personas que se cruzan con los uniformados. El rechazo y la antipatía que la Policía Nacional  despierta en la gente debería ser motivo de preocupación para la institución misma, pues, no deben olvidar que no hay autoridad sin una legitimación del pueblo.

Quizás, el problema de fondo con los que se supone deben garantizar nuestra seguridad y el orden público es que a veces – muchas veces- hacen parecer que ese sentido de su labor, queda desdibujado frente a necesidades más importantes de estamentos de mayor rango. Y es que, como puede la gente sentir con el mismo corazón de ellos cuando desconfían de cualquier acto que estos lleven a cabo. Porque si de algo se habla, es de lo torcido que es ese brazo verde de nuestra ley – y eso, no lo digo yo-.

Por mi parte, me resulta imposible sentir con el mismo corazón de aquellos que un día me hicieron sacar todo del bolso para ver qué llevaba. Y que no dieron más excusa que mi apariencia, pues al parecer, tenía mal aspecto (?). Me disculparán ellos como institución por juzgarlos a través del accionar de unos pocos, pero cuando se tiene un uniforme lo que más importa es cuidar la imagen que la gente puede tener no sólo de la persona que porta el uniforme en cuestión, sino, de la institución misma. Pero sobre todo, porque lo que debería importar es cómo se siente el ciudadano frente a quienes debe garantizarles una vida segura y respetable.

La pregunta detrás de todo esto, es cómo asumen los de Verde esa dicotomía entre la imagen que se supone deben tener y la que realmente tienen. Valdría la pena hacer un listado de todos los percances que hemos tenido con los funcionarios de esta entidad por sus abusos y sus malos tratos, en ocasiones, injustificados para entrar a debatir con ellos si realmente creen merecer ese slogan.  Me pregunto ahora, ¿Uds. siente con el mismo corazón de la Policía Nacional?


Por: Márquez.