lunes, 18 de abril de 2016

Nadie se cuestiona el mar


Hemos nacido tan cerca de él, que nadie lo cuestiona. Nadie pone en duda su existencia; como si fuese demasiado obvia para sugerir que, quizás, es solo un sueño colectivo. Que todos nacemos para caer en el juego de imaginar un espacio lleno de agua que almacena en su interior un poder secreto. Nadie se cuestiona el mar. Ni sus olas, ni su espuma, ni ese sonido que viene con él por las noches. Ni ese miedo que produce la oscuridad que lo abriga mientras sus aguas siguen cantando como sirenas de mil años.

Ha estado por tanto tiempo ahí, que nadie sospecha de él. Nadie piensa que un día podría levantarse y con una sola de sus piernas hundiría el mundo que conocemos. Lo vemos ahí, tragarse el sol cada tarde. Anidar en su vientre montones de peces y algas. Teñirse de los más variados colores. Enfurecer durante los días de lluvia. Comerse kilómetros de playa.