lunes, 19 de diciembre de 2011

Buscar trabajo: todo un oficio

Como esto se trata de retazos, he aquí una idea que llega a este blog. 

Para las personas desempleadas, he aquí decálogo sobre cómo buscar trabajo y no morir en el intento.

Quienes piensan que buscar empleo es sencillo, les cuento que su juicio no puede estar más alejado de la realidad. Muchas veces digo que mi trabajo es buscar trabajo. Lo digo porque los periodos en los que uno está desempleado, pasa por la delgada línea entre el ocio y aprovechar el tiempo al máximo en otras actividades. Si ya tienes experiencia laboral o eres recién egresado, da igual. Hagamos el ejercicio. 

Necesitas en primer lugar, disciplina. Levantarte temprano como si fueras a trabajar. Luego hacer una base de datos de empresas de interés, preferiblemente relacionadas con los gustos personales o de experiencias de trabajo anteriores. Así, dicen los entendidos, tendrás mayores probabilidades de ser contratado. 

Es necesario también agotar el recurso de amigos y conocidos, por aquello de la palanca. Luego viene una titánica y a veces carrera de resistencia haciendo llamadas y mandando mails. No podría explicar lo que se siente al levantar el teléfono, llamar una empresa y que conteste la recepcionista. Acto seguido dices, “me comunica por favor con Recursos Humanos”. 

A continuación existe una alta probabilidad de que en la extensión no contesten. Luego llamar de nuevo, un buen recurso es preguntarle a la recepcionista el número de la extensión, ya con él, marcas directo. Al segundo o tercer intento, contesta alguien, aconsejo no preguntarle a esa persona, pues es muy probable que sea la típica secretaria malgeniada que no sabe nada. 

 Por experiencia propia, puedo decir que es mejor pedir comunicación con el gerente de recursos humanos o la persona encargada de procesos de selección. Al gerente de recursos humanos también es muy probable que se lo nieguen, pero por lo menos la persona encargada de procesos de selección puede que sí le pase. 

 Si le pasa, es mejor ser breve, pues cuando las personas tienen trabajo te miran con cierto desdén, como diciendo “este desocupado”, como el nuevo rico que a menudo no recuerda cuando era pobre. Mejor un corto saludo y directo al grano. Lastimosamente le van a decir que no. Pero entre todas las que haga, es posible que alguna le diga el tan anhelado: “bueno mándeme la hoja de vida”. Cuidado se te olvida el mail o no apuntas porque ni se te ocurra volver a llamar. 

Las agencias de empleo o empresas especializadas en selección de personal, y ponerse una meta diaria de hojas de vida como salida al ocio, son una buena alternativa, así uno desde el fondo del alma, y con razón, sienta que no lo van a llamar nunca. 

Pero pensándolo bien, cuando eres recién egresado es peor. No tienes absolutamente nada en tu hoja de vida que te de “moral” al menos en tu persona, porque es evidente que no eres valorado por el mercado. En este punto se me viene a la mente que por algo muchos terminan de guerrilleros, de qué sirve pagar una universidad costosa, si da lo mismo tener un título que no tenerlo cuando no tienes experiencia. ¿Será que sí se valora tanto a la experiencia? Mentiras, creo que estoy exagerando demasiado, pero ser recién egresado sin experiencia es casi como sentirse ignorante o analfabeto.

Creo que cuando uno vive eso, llega al menos, a una escala mínima de madurez. Pues cuando de una vez por todas, logras conseguir un empleo donde te paguen 700 u 800 mil pesos, para que en tu casa dejen de mirarte mal porque no sales en todo el día y te toca pedir hasta los mil pesos para el bus o para ir a una entrevista de trabajo, te das cuenta de todo lo que cuesta escalar, que la vida no es color de rosa, que con suerte, al cabo de un año, llegues al millón y a los dos, millón y medio, si es que no te quedas sin trabajo y se repite de nuevo el ciclo. 

Te vuelves esclavo del crédito de Jamar o del pagadiario para pagar las crecientes necesidades, porque, ¿quién vive con eso? Muchas veces he pensado que el salario mínimo es un descaro, un eufemismo, un pajazo mental. Aún así, el gobierno dice que en último año se han creado 1 millón 536 mil nuevos puestos de trabajo, ¿pero dónde? 

Dicen que se necesitan obreros para construcción y empleos técnicos para la ampliación de industrias. ¿Entonces qué nos queda? ¿Para qué le pagan a uno colegio y universidad cara, si el mercado dice otra cosa? ¡Desarrollo a la inversa! También dicen que los institutos técnicos crecen sin control por todo el país, ¿estamos rompiendo paradigmas? ¿Adiós a las grandes universidades y centros de pensamiento? El mundo necesita es conocimiento técnico y por supuesto, experiencia. ¿El sentido crítico y analítico se está acabando?

¿Será que como cuando uno está soltero y se le nota el hambre, también la actitud de desempleado es contagiosa? ¿Vale la pena ser “humillado” todos los días por el teléfono y los correos que nadie nunca te responde? ¿O qué mejor estrategia existe para no sentirse morir en el intento?


Por:    Rafael Pereira. 

viernes, 9 de diciembre de 2011

Cuando la vida vale mierda.


Llegan armados y amenazan a todos. Le apuntan con su arma a la cabeza de una de las mujeres presentes en el lugar. Se llevan el portátil, las memorias USB, los bolsos y los celulares.  No contentos, hacen un disparo antes de irse. La gente queda asustada, con el corazón acelerado y con la sensación de haber perdido algo más que las cosas que lograron llevarse. Quizás, perdieron la tranquilidad para siempre. Los tipos se van en su moto. Aceleran. Así, sin más.

Entra al edificio, preguntan por alguien. La secretaria mira al muchacho sentado en el computador enfrente y el tipo asume que es a quien busca y le descarga el arma al muchacho. Luego de eso, baja como si nada en medio de la demás gente que anda en ese lugar. Sale victorioso a continuar con su vida, mientras a alguien le ha robado la suya.

Son solo un par de casos. Una pequeña muestra de las cosas que han empezado a ocurrir en esta ciudad. Nos estamos volviendo, una ciudad de miedos. Y aunque eso no es algo nuevo, pues, la sección de sucesos en el periódico local siempre ha sido una de las más leídas porque nos mostraba esa ciudad de peligros - lo que da cuenta, de una cultura del miedo reinante entre nosotros-, la cosa, ya empieza a volverse preocupante.

Preocupante, los sucesos que últimamente han ocurrido y que jamás hubiésemos sospechado. Tiroteos en plena calle. Asesinos motorizados. Tenemos tanto miedo, que ya son pocas las veces que nos sentamos hasta tarde en las terrazas de nuestras casas. Es que hoy por hoy, andar por ahí en las calles a ciertas horas es buscarse una mala hora. ¿Y es que esas calles no son nuestras? ¿En qué momento las perdimos y se volvieron las calles de esos otros dueños de la noche?

Sospechamos del vecino. Si lo matan, andaba en algún cuento raro. Como si justificáramos la muerte de las personas. Como si necesitáramos licencia para vivir. Y mientras tanto, en el mercado vemos la cantidad de películas caseras con escenarios callejeros en los que niños, niñas y jóvenes cargan armas y las utilizan sin el menor asco contra los otros. ¿Películas? Si así se puede llamar ¿Quién las hace? Pues, lo cierto es que tiene un público muy asiduo. Tanto así, que ves a la gente haciendo rondas entorno a las pantallas para ver las escenas violentas. Eso somos ¡Una ciudad de morbo por la muerte!  En la que nos parece genial, ver cómo alguien le quita la vida a otro. Y mientras, las pandillas en los barrios se matan unas a otras, y matan a los que nada tienen que ver con sus guerras.

Se necesita ser una sociedad muy podrida, para aceptar tantos crimines y situaciones de este tipo como el pan de cada día. Tenemos que ser muy cobardes para dejar que nos gane el miedo. Para permitir que nos roben las calles y los parques. Para dejar que los niños crezcan creyendo que hay personas con el derecho a quitarnos la vida. 

Y me pregunto: ¿Qué es la vida hoy en día? Una vez me dijeron que la vida valía mierda. Ahora sé que me mintieron. La vida hoy en día no vale ni mierda. ¿Qué estamos haciendo? ¿O qué hemos dejado de hacer? El tiempo corre y se hace urgente, despertar de nuestro letargo.


Hay quienes ya han pensado en esto: 


http://blog.chlewey.net/2011/09/viviendo-en-prisiones/

http://www.eluniversal.com.co/columna/%C2%BFnos-van-matar-todos

Por: Márquez. 

lunes, 31 de octubre de 2011

Voto Sin Marcar.





Cosa curiosa ocurrió durante las elecciones que se llevaron a cabo el pasado Domingo. Dentro de todos los preparativos y la parafernalia dispuesta para tal evento, quedó al margen una señal muy precisa de un inconformismo por parte de los electores respecto al trabajo de las administraciones pasadas. Tal signo está representado en la cantidad de votos no marcados, que fueron saliendo durante los escrutinios en las mesas de votación.
 
De acuerdo. Puede que no haya sido un caso general, pero por lo que pude escuchar lo fue. En las mesas que observe, el asunto de estos votos que echaron en las urnas sin marcar ninguna de las opciones fue una constante. Sin embargo, queda claro que para la Registraduría Nacional este tipo de casos son poco comunes, y lo digo por la cantidad mínima – casi ridícula- de stikers dispuestos para señalar este tipo de votos, que entre otras cosas, se vuelven un arma de doble filo. Por un lado, a mi modo de ver, muestran un desinterés y a la vez una desilusión con el cargo de alcalde en nuestra ciudad. Cosa que no sería descabellada. Por el otro lado, como me hizo ver una de las testigos de mesa, se pueden transformar en votos en favor de alguien ¡Así es! No sería extraño que pasaran de ser votos no marcados a votos con una intención clara por algún candidato de una manera misteriosa.
 
Lo cierto, es que no había un plan de contingencia para ésta situación. Cuando descubren la cantidad de votos no marcados, a los encargados de resolver este tipo de inconvenientes, los atacó el pánico y hasta se pusieron groseros (por lo que se puede suponer, que era un caso presente en toda la ciudad). Y la solución no fue mucho mejor: hacer rollitos con el total de votos en esas condiciones y una vez listos, colocarle el stiker de “Voto no Marcado” al mismo. Pero aquella malicia indígena hizo aparecer la duda acerca de cómo garantizar que los votos no serían alterados con una seguridad tan pobre. ¿Acaso no hay conocimiento de tantos casos de corrupción al interior de las instituciones del estado? ¿No han votado hasta los difuntos? En Colombia y en Bolívar, nunca se sabe.
 
Ahora, lo que resultaría interesante sería conocer cuántos fueron los votos no marcados. La cantidad exacta, porque la deben tener pero no la dicen. Tal vez, esa cifra nos dé una idea de cuantas personas prefieren dejar el futuro de la ciudad y el departamento en manos de otros. O, cuántos desconfían del sistema mismo, que ni siquiera se tomaron la molestia de marcar su voto. ¿Será entonces, que nos estamos volviendo en una ciudad sin esperanza?
 
La lección queda. Y para las próximas elecciones, no hay que suponer conocer la dinámica de los votantes. En asuntos de política, nada está dicho. Cualquier cosa puede ocurrir y estas elecciones 2011 son ejemplo de ello. Ahora, en el panorama, la opción de los votos no marcados se vuelve otra de las salidas a la hora de sufragar. Sobre todo, cuando hasta el voto en blanco pierde fuerza y prestigio en ésta Democracia (?).

Por: Márquez.

lunes, 10 de octubre de 2011

Jesús Super-Star.


Siempre me ha dado un poco de pesar Jesucristo. Él no tiene la culpa de todo eso de lo que lo acusan. ¡Que convirtió el agua en vino! ¡Que camino sobre las aguas! ¿Y? ¿Acaso no vieron X-Men? Siempre nos han fascinado los efectos especiales y la biblia no fue la excepción. Que mejor forma de sorprender a la gente, que dándole súper poderes a un joven como él.

Storm domina el clima y Wolverine tiene garras, se auto-sana y posee un buen olfato, pero ninguno ha logrado la fama de Jesús. Y eso que él sólo multiplicaba peces y levantaba muertos. Sin embargo, el pobre muchacho, que ya no lo es tanto, tuvo la mala suerte de ser la cara publicitaria de una Institución llamada Iglesia. Y ahora, le toca cargar con la vergüenza de tantos desmanes que han llevado a cabo los representantes de Dios en la tierra.

A mí que no me vengan con cuentos. Porque está claro que Jesús hace mucho renuncio a ser el rostro de la campaña. Y ahora ponen en su lugar a un modelo más blanco, de ojos más claros y de dientes perfectos. Y así, todos olvidaron al pobre Jesucristo de las primeras campañas, el de verdad, el que era más bien negrito, con su cabello no tan liso, y con facciones muy marcadas.

Además, le engancharon por padre a Dios… y encima, le tocaba morir al final de la película y luego resucitar. Pero él no quería ser hijo de un señor que es medio caprichoso. Que un día aburrido, creo todo. Y que otro día, como ya él no era el centro de atención, le echo al mundo un aguacero peor que los últimos inviernos en Colombia. Para luego, mandar construir un barco de dimensiones descomunales y meter una pareja de cada especie y a la familia de Noé.

Sí. Jesús ha sido marginado, y ni a Michael Jackson los estigmatizaron tanto. Se inventaron una fiesta que recuerda su muerte, por lo tanto muere cada año, una y otra vez. Lo crucifican, le chuzan un costado, le ponen la corona de espinas, y encima, lo resucitan. ¿A caso nunca lo dejarán en paz? Debe estar cansado de que nada más lo mencionen cuando ocurren catástrofes sobre naturales, eso sí, siempre pidiéndole milagros.

Yo si preferiría, que ya lo dejaran un poco tranquilo. Que se dediquen a leer sus memorias y a reflexionar sobre ellas. Pero no lo culpen de todos sus actos. Que no le exijan tanto. O sea, solo tiene 33 eternos años. ¿Quién a esa edad, puede con tantas responsabilidades hoy por hoy? Se les olvida que él también se cansaba, que también sintió miedo, y que además bailó en las bodas de canaan. Que me disculpen lo señores creyentes, pero sin duda Jesús merece vacaciones.

Lo único malo, es que si el Papa sigue quedándose con la mejor parte de toda la plata que gana en limosnas, ofrendas, diezmos y demás, nunca alcanzará para que el pobre muchacho haga un viaje corto a Cartagena, se haga un masaje carísimo con las negras de las playas y luego de intentar entrar en alguna discoteca lujosa, sienta el rechazo por no ser tan blanco como se necesita. Que visite el Castillo San Felipe y le cuenten una historia en su mayoría inventada; Y que entre tantas prohibiciones, se anime en un arranque de locura, amor y de borrachera a confesar que entre él y Pedro si hubo algo y que María Magdalena les hacía el cuarto.

Por: Márquez.

miércoles, 6 de julio de 2011

Un Vinito Blanco.




Pues, Cosmopolita, lo que se dice Cosmopolita, nunca he sido. Yo solo conozco mi ciudad, bueno, no en su totalidad. Ya saben. Esos barrios que uno escucha mencionar y que dice ¿Dónde queda eso? Así, muy parecido me ocurre a menudo. Y no es que sea una ciudad muy grande, o que yo sea ese tipo de personas que excluyen al otro por su estrato – vengo de uno muy bajo- , si no, que al parecer, nunca recorremos totalmente los caminos que tiene nuestra propia ciudad.
 
El punto aquí, es que eso de ser una persona de amplios horizontes geográficos no es una de mis características. Pero hago mis mejores intentos para ser parte de ese selecto gremio. Aprendo inglés como segunda lengua, para estar siempre a la altura de los tiempos. But, I need to improve my pronunciation. Leo literatura de algunos autores de otros países y además, estoy dentro de un club de danza contemporánea: nada más cosmopolita que saber mover los pies o la cintura, al son de cualquier tipo de música.
 
Sin embargo, siento que me cuesta trabajo la cosa. Eso de combinar una camiseta amarilla de franela con un pantalón corto azul cielo y unos zapatos color café, no va conmigo. Además, los accesorios extravagantes me dan algo de vergüenza. Collares de bolas extra-grandes de colores exóticos, son un ejemplo de lo que no usaría.
 
Pero, aun así lo sigo intentando. Fui aquella noche, a una de esas fiestas electrónicas que organizan en hoteles del centro de la ciudad. Esas mismas, donde ves gente de todas partes conversando alegremente mientras la música hace ¡Chis Pum! ¡Chis Pum! Me dolía la cabeza. No entendía nada. Unos jugaban billar. Otros estaban por ahí, - a esos ni siquiera les entendía lo que hacían -. Y ella, la chica drogada, bailaba colocando medio cuerpo tieso y agitando una pierna sin sentido alguno. Mis clases de baile, ante eso, se reducían a una pantomima sin sentido y hasta pasada de moda.
 
Dentro de toda esa gente extasiada, estaban los dos chicos que había visto comprándole a un jibaro en una esquina una bolsita con polvos blancos. Esos que los ponen más eufóricos, que los acerca más a la contemporaneidad, los hace más In y elitistas. Definitivamente, no entendía nada. ¿Cómo pueden bailar esa música? A mí que me pongan al Joe, a Diomedes, a Petrona o a los Aterciopelados.
 
Ese mundo de las fronteras expandidas, de los mundos explorados, de la inmersión de otras culturas no debería exigirme ser un anti-yo. Pero, en las esferas en las que me desenvuelvo los únicos aventajados, los adelantados, han sido los exóticos ¡Sí, esos! Los que son insoportables hablando de Sartre, de Lenin, y de García Márquez y el realismo mágico. Y los que sienten que su ombligo está sembrado en Europa o cualquier otro lugar del mundo ¡porque es más culto!
 
O esos otros, que se desgastan determinando cual es el buen cine, asumiendo su gusto como el acertado. Los que escuchan a Mozart y a Charlie García para tener orgasmos mentales, sin profundizar en el asunto. Y se declaran de izquierda, al mejor estilo del Ché, o Geeks del ciberespacio - por poco fundan la competencia de Microsoft-. Y yo, un pobre mortal.
 
Esa noche, luego de salir decepcionado de esa fiesta tecno, teniendo claro que jamás sería tan cosmopolita como para entrar en las altas esferas de la intelectualidad me fui a un bar de esos poco decentes y me cruce de piernas para, al menos, fingir ser uno de esos poseedores de la verdad.
 
Se me acercó una mujer medio ficticia –no solo por la silicona- si no, por sus ademanes de una Marilyn Monroe reencarnada, ¡hasta vestido blanco llevaba! Me sonrió y con su dedo en mi pecho me pidió que la invitará a un trago. ¡Al menos plata tenía! Bueno, ya saben cómo es eso de tener plata ¡70.000 incluido el Taxi!
 
Sin duda alguna, me alegró la noche. No me habló de lo efímero del mundo o de las causas del escepticismo electoral. Pero me contó chiste buenísimos, de esos con doble sentido. Terminé en su cuarto, bastante aliviado. Entendí que si al menos no lograba entrar en las esferas de los Oráculos del conocimiento, podía tener buen sexo.
 
Pues, Cosmopolita, lo que se dice Cosmopolita, nunca he sido. Tengo pensado un viaje a la capital, para presumir tener, cuando menos, unas horas de vuelo. Fumar no es mi fuerte, suelo ahogarme. Así que por eso no le entro a la Marihuana. En estos días, los he visto de lejos, todos rellenados en sus puestos. Satisfechos. Con sus ropajes, porque no se visten como los mortales. Ellos están más allá. Prefiero, desde entonces, seguir en mi mierda, con mis líos y con un buen sexo.

Por: Márquez.

martes, 17 de mayo de 2011

Comentario: De esas ideas que trascienden.





Cuando puede ver V- de venganza, me agradó sobremanera la forma como era contada la historia. La vida del personaje principal, daba pie para una narración que viajaba entre los límites de la ciencia ficción y la crítica política.


¿Política en V de Venganza? Si, en un alto grado. De hecho, hay algunas frases muy particulares a las que quiero referirme: "Las ideas no sienten. No aman. Los hombres desaparecen, pero las ideas no pueden morir" y “¿Querías matarme? Bajo esta capa y este sombrero no hay carne ni hueso, tan solo un ideal, los ideales son a prueba de balas". Es decir, que las ideas están por encima de los hombres. Me recuerda eso un poco a Bolívar, a Nariño, a Escobar, a Hitler, a María Cano, a Uribe… entre otros.


V- de Venganza se desarrolla en una ciudad futurista, que se encuentra bajo el yugo de un gobierno fascista. La censura en su más amplia acepción. Y “V”, el personaje en cuestión, surge con toda una carga ideológica revolucionaria, con una máscara que rememora a uno de los integrantes de “la conspiración de la pólvora” y sobre todo, con un plan bien diseñado, lo que conlleva a que tal sujeto sea visto como una amenaza.


Pero, ¿Qué ocurre con las grandes ideas? ¿Qué hay más allá de los seres humanos que las promueven? ¿Realmente viven más allá de aquellos sujetos que las expanden?


Miremos. Los derechos humanos surgieron en la cabeza de unos idealistas que pensaron en la individualidad, libertad y la fraternidad. Los mismos que asumieron que el ser humano no era un producto en serie. Pero, ¿Qué ha pasado hoy con ellos? – Con los derechos humanos-. Ese sueño de nación que tenía Nariño, hoy por hoy, parece que era un concepto demasiado visionario. Los derechos humanos, son una suerte de rótulos que se acomodan según la situación y el personaje; Colombia es ejemplo de eso.


Jesús – el nazareno-, un idealista en potencia, visionario, y político, logró sentar las bases de una religión que aún perdura. Esa idea de amar al prójimo como a ti mismo y a Dios sobre todas las cosas, suena muy bonita. Pero, ¿Qué ocurre hoy? ¿Quién es mi prójimo? ¿Qué ha sido del cristianismo y sus derivaciones? ¿Del catolicismo? Esa idea de un Jesús cada vez más hermoso, blanco, con ojos azules; nos llevó a suponerlo demasiado santo para equivocarse. Henos aquí y ahora, frente a una gran crisis de fe, con todos los escándalos sexuales que giran en torno a los representantes de Dios en la tierra y con la “Tierra Santa” en guerra.


Y miremos a Uribe, y toda su política de seguridad democrática. Ahora, tenemos a las “Bacrim” haciendo de las suyas en la urbe. Mientras, durante su gobierno la inversión a la milicia y a la guerra sobrepaso los límites de cualquier otro gobierno, y su mayor logró fue la desmovilización que hoy nos tiene con los delincuentes en el cuello. Y sus aliados, todos los que conformaban su gabinete y que seguían sus consignas, están implicados en cualquier cantidad de fallos a la ley. ¿Será que termino siendo como los que tanto acusaba? Sin embargo, aún hay quienes que promueven su visión de las cosas.


Las ideas, quizás no mueran porque viajan de una cabeza o de un grupo hacía otros que se convencen y creen en ellas. Las hacen legítimas. La dificultad está, cuando dejamos que nuestros intereses permeen las ideas bien encaminadas. Resulta imposible dejar una idea absoluta, libre de interpretaciones, de reformas, de acomodos. Por eso, aún hoy, seguimos hablando de libertad y soberanía (?), sin entender muy bien de que se habla.


Quizás no estemos en el ambiente futurista de la película, pero toda la dinámica que en ella se da, sirve como referente en la actualidad. Hasta la publicidad entendió que el asunto, es de vender ideas encerradas en marcas. Estamos sometidos en un estado, en el cual, las ideas que predominan son las de la hegemonía.


Así, cuando en la película la gente sale a las calles con las máscaras puestas – la que “V” utilizaba para dar un rostro a su cara - como muestra de cómo la idea había gustado, había despertado solidaridades, nos dan una muestra clara de cómo surgen los movimientos que generan cambios de la mano de ideas y sujetos dispuestos a sentar su punto de vista. Pero, las ideas que se acomodan, se amangualan, se envician… terminan por corromperse, y las ideas corruptas generan desequilibrio, inequidad. Una idea corrupta, guiada por hombres corruptos, termina en caos. Y si las ideas están por encima de los hombres y trascienden… he ahí el problema.




Por: Márquez.

lunes, 18 de abril de 2011

Del Empleo y la Fuerza laboral.


“Ningún colombiano se muere de hambre”.


De mi querida Colombia y mi amada Cartagena, tantas dudas surgen alrededor de las posibilidades que tienen para brindar a sus pobladores las oportunidades necesarias para que logren tener una vida digna. Por eso recuerdo, que hasta la última vez que supe, la economía de Colombia se ubicaba dentro de la cuarta más grande de América Latina por su producción diversa y por la proliferación de distintos sectores. Y aún así, las crisis que han golpeado a este país en distintos tiempos de su historia, han generado desigualada en la construcción del bienestar del país mismo, y por ende, desigualdad en el bienestar de su gente. Es decir, que la riqueza está mal repartida.

Y esa condición de vida digna, tiene sus connotaciones: acceder a la educación, a la recreación, a una vivienda, a una buena alimentación y muchas otras cosas, que parecen, en algunos casos, un hermoso cuento de hadas. Porque las posibilidades de tener una condición de vida favorable, disminuyen cuanto más aumenta la tasa de desempleo y la inflación sube.

Miremos entonces como Marx acuña el término: Fuerza de trabajo. El cual, hace referencia a la capacidad física y mental inherente a cada ser humano, para realizar un trabajo. No obstante, no basta con esa capacidad si no existen espacios ni garantías brindadas por el estado para que todas las personas se logren desarrollar laboralmente.

En este punto, es preciso señalar, que la fuerza laboral permite la obtención de los recursos necesarios para la subsistencia. Por tanto, si no hay garantías para que dentro toda familia haya personas trabajando, se hace imposible garantizar que dichas familias tendrán acceso a la educación, la salud, la vivienda digna, la recreación y demás derechos que se concretan con la capacidad adquisitiva.

Teniendo todo esto planteado, se puede reflexionar acerca de los resultados de un estado que no puede garantizar el pleno empleo y que año tras año, lucha por bajar su tasa de desempleo que pareciese no ceder. Aunque las encuestas digan todo lo contrario ¿Para qué nos mienten? ¿Quizás temen la fuga de cerebros?

Que “ningún colombiano se muere de hambre”, es cierto. Pero este hecho no niega el otro. Como dicen: lo cortés no quita lo valiente. En Cartagena, por ejemplo, la economía informal es cosa digna de admirar. Sales a la calle y puedes observar claros ejemplos. Muchos, cientos, viven del “rebusque”.

Pero ¿Qué es el rebusque? Son las maneras que cada persona encuentra para conseguir entradas de dinero que le permitan satisfacer sus necesidades básicas. Y en Colombia, esta es una de las formas más recurrentes dentro de la Economía nacional. De ahí la preocupación de los universitarios a la hora de sentir cerca su graduación. La incertidumbre de reconocerse en un terrero infértil laboralmente, y sobre todo, con alta competencia no solo por sus compañeros de promoción, sino por todos aquellos que también engordan las filas de desempleo. El panorama parece aterrador.

Los jóvenes universitarios tienen toda la fuerza de trabajo. Además, tienen iniciática, conocimiento, juventud. Pero, ¿y la experiencia? En esta economía, existen infinidad de trabas para llegar a ser empleado. Y ni hablar de los asalariados, que no se atreven a perder sus empleos aunque mal les paguen. Que les queda a los universitarios, hallar formas para “rebuscarse” con su profesión.

La situación se torna preocupante, pues, creer que las formas de “rebusque” no ayudan a la fuerza laboral de nuestro país, es desconocer la legitimidad de estas dentro de la sociedad misma. Sobre todo, porque ayuda a que la gente no muera mientras el país les da mayores garantías. Por lo cual, uno de los grandes retos, es hacer de estas formas de empleo válidas y además, útiles para la economía nacional.

Vale la pena mencionar un aparte de la Investigación hecha por Javier Eduardo Báez Ramírez y Haroldo Calvo Stevenson en la Universidad Jorge Tadeo Lozano (1999) titulada "La economía de Cartagena en la segunda mitad del siglo XX: Diversificación y rezago", en la que dicen: “durante la segunda mitad del siglo XX Cartagena ha conocido una pujanza económica que contrasta con otros períodos de su historia, de manera que, en diversos aspectos, la condición de sus habitantes es hoy mejor que hace 50 años. Sin embargo, los avances no han sido ni espectaculares ni importantes comparativamente, pues la gran diversificación que ha experimentado el aparato productivo local es de una naturaleza tal que no ha podido reducir el rezago social de sus habitantes frente a los de las demás ciudades grandes del país” (p.48).

Y recordar, un artículo publicado en “El Espectador” a comienzos del 2010, en donde afirmaban que según la estadísticas nacionales “en las 13 principales ciudades del país el desempleo se disparó de 11.4%, el año pasado, a 13.1% a agosto de 2009”. Y que “la ocupación en el país llega a 18.2 millones de personas, mientras que el año pasado era de 17.3 millones [es decir, 2009].

¿Y el 2011?


Por: Márquez.

jueves, 31 de marzo de 2011

El caso Jeremías Springfield



Este nuevo continente en el que hemos nacido – nuevo para los europeos que encallaron este territorio por error- fue parte de un proceso de colonización e imposición cultural que, aún hoy, muestra sus vestigios. La llegada de los españoles, determinó que ahora cada una de nuestras ciudades posea un héroe fundador que les dio, entre otras cosas, un inicio. Dichos personajes, de dudosa procedencia, son hoy en día reconocidos en estatuas que dan cuenta de la importancia que tienen para la historia.
Ciertamente su reputación y su heroísmo es cosa cuestionable por muchas razones. Las cuales, son conocidas por algunos mientras otros las ignoran. Y esa misma reputación es tema de debate en algunas discusiones, en donde se propone que esa mitificación de tal personaje debería quedar de lado, y que deberían contar la realidad de su origen. Creo que en lo posible, decapitarían su estatua. Me recuerda este caso, un capítulo de los Simpsons en el que Lisa – la niña adelantada a su edad- descubre la realidad de Jeremías Springfield, quien es el héroe fundador de su ciudad.
Lisa con la ayuda del Señor que se encarga del museo, descubre que Jeremías no era más que un pirata con la lengua de plata, que intentó, incluso, matar a Washington. Por lo cual, no merecía el respeto y el honor que todos los habitantes de Springfield sentían por él. La cuestión vino después de tal descubrimiento ¿Qué debía hacer Lisa?
Pues bien, nosotros tenemos a Pedro de Heredia. Un señor que todos conocemos desde que ingresamos al colegio. Fundador de la hoy Cartagena de Indias. Ese mismo que retengo en mi memoria por el fragmento de un texto que recitábamos cada vez que se celebraba el cumpleaños de la ciudad y que rezaba más o menos así:
“Leyenda y magia, la Ciudad de Cartagena tomó su nombre desde la Bahía y si fundador fue Don Pedro de Heredia nacido en Madrid. El cual, tuvo un duelo a capa y espada del cual salió mal herido de la nariz…”
Así es, mal herido. La historia nos ha contado que Don Pedro de Heredia llamaba la atención por su nariz; que según quedó de esa forma, por una batalla que sostuvo antes de venir a América. Y es que ese personaje, mítico en todo su esplendor, - aún con su nariz chueca- hace parte de lo que somos como ciudad. En esta tierra de pocos referentes y de nacionalidades casi deformes, los mitos y las leyendas siguen siendo una forma de mantener la esperanza.
Entonces, quizás la decisión de Lisa Simpson fue acertada: prefirió callar lo que sabía para que sus vecinos, quienes celebraban con verdadera devoción la fiesta en honor a Jeremías, no perdieran esa imagen idealizada que los reunían entorno de un pasado glorioso que los enorgullecía.
Tal vez Pedro de Heredia haya sido un bandolero, como muchos otros que llegaron a volverse gloriosos en estas tierras. Y es cierto que la discusión sobre la manera como se enseña/aprende la historia debe seguir llevándose a cabo. Pero, lo que no se puede negar, es que el personaje lo queramos o no, le dio nombre a esta ciudad: “porque se parecía a la Cartagena de España. Entonces la diferenció llamándola Cartagena de Indias” –eso también lo recuerdo del texto que recitaba de niño-. Y que al igual que Jeremías Springfield, se ha vuelto parte de nuestra historia. La que debemos conocer, sin des-conocer, que es pieza clave y fundamental al momento de re-construir nuestro pasado, como muchos otros personajes que también deben ser incluidos en los relatos de nuestra ciudad.
Por: Márquez.

lunes, 14 de marzo de 2011

El relato puede hacer la Diferencia.


Ser diferente[1] te coloca al margen de la sociedad, en un límite que te lleva a buscar “diferentes como tú”; porque la soledad, solo ayuda a sentir en mayores proporciones el peso de la marginalidad, del miedo que sienten los otros ante lo que no encaja en su universo de moldes, diseños y estructuras. Y es que la historia hace gala de ello, del afán de algunos por hacer homogéneos al resto. Ejemplo de ello son las mujeres, los negros y los homosexuales, por solo mencionar algunas poblaciones que durante la historia han sido vulnerados. Así, todo aquel que de una u otra forma, llega a ser tratado como un ser de segundo orden; desplazado por distintas razones, se enmarca en el límite de lo diferente.
Pero lo realmente preocupante, es que ese tipo de actos son aprehendidos y reproducidos en todas sus formas. Aun así, las luchas van encaminadas a combatir los imaginarios, las estructuras sociales e incluso, han buscado generar nuevas teorizaciones que ayuden a explicar las posturas que se toman frente a estas realidades.
Sin embargo, esas mismas luchas han olvidado un elemento fundamental en medio de todo su andamiaje: la memoria; Como ese elemento que se hace común a los habitantes de un mismo espacio geográfico y a los pertenecientes de una misma generación, que la transmiten a otros. La memoria, en medio de todos los movimientos, sigue intacta; llena de todos esos sucesos que han marcado el transcurso de la historia y con ello, todas las luchas que se han librado.
Pero no es lo único que se olvida en todo ese ambiente de búsqueda de igualdad y reconocimiento. La memoria, va de la mano de todos los relatos que se pueden generar de cada acontecimiento, de la forma como la sociedad termina narrándose a sí misma y su realidad. Como lo dice Félix Vázquez (2001) “no es la fidelidad salvada de lo que nos brinda la realidad lo que constituye un relato que es espejo de la misma, sino que es la utilización que hacemos del lenguaje la que nos permite conformar los hechos y la experiencia y dotarlos de significados”. Lo cual, nos lleva a pensar en el relato como una de las herramientas más importantes para la lucha en contra de las diferencias marcadas en la sociedad: el relato que habita en el lenguaje como forma de comunicarnos.
¿De qué forma? El relato pertenece a la memoria, y es resultado de la realidad misma de una sociedad. Por lo cual, la homofobia, el racismo y la misoginia, se vuelven parte de ese cuento que una sociedad como la nuestra posee. ¿Por qué? Pues, porque están arraigados en la memoria como parte natural de nuestro comportamiento, de nuestra realidad. Y es por ello que lo relatan, que lo cuentan, y luego, lo reproducen. Ya lo afirma Mendoza (2004) “nuestra experiencia de los asuntos humanos viene a tomar la forma de las narraciones que usamos para contar cosas sobre ellos” (Bruner, 1997, p. 152).
Por esto, los diferentes se agrupan. Para hallar relatos parecidos a los suyos; para encontrar en las memorias de esos otros como ellos, parte de su propia realidad; para re-conocerse en los que son comunes a ellos. Y todo esto produce, relatos marginales que nadie más escucha; que nadie más reconoce y que se quedan justo ahí, en la frontera de una realidad que se hace paralela al resto de la sociedad.
De esta manera, la memoria aloja ese esencialismo estratégico bajo el cual se justifica todos los actos violentos en contra de la diferencia. La memoria y sus relatos, olvidados en toda la lucha de igualdad, también hacen parte de esa serie de capas que cubren al hombre y transversaliza las esferas que lo constituyen. Quizás sea el momento de iniciar estrategias que busquen generar efectos en la memoria, en su construcción desde la intersubjetividad. Todo ello, para que se empiece a sembrar posibles cambios en las próximas generaciones, las que heredaran parte de nuestra memoria y por tanto, de nuestros relatos. No basta con alzar la voz, es necesario, empezar a contarnos; relatarnos como parte de una cotidianidad.
Así, la memoria y sus relatos ayudarían a llegar al perdón que se debe engendrar en los que han sido apartados, discriminados. El perdón, que representa un cambio en el relato, daría todo un vuelco a las formas de sensibilización del otro que está en el extremo opuesto de la víctima; el que fue victimario – intencionalmente o no-. Y la memoria, al ser como un “marco” para las experiencias y las vivencias de una colectividad, será reflejo de un perdón que engendrará nuevas formas de relacionarse sin el rencor de la historia.
Y es que, en todas estas colectividades vulneradas en sus derechos, hay un relato de su realidad que muchas veces no se ha contado. Se queda ahí. Todo proceso de memoria implica un proceso de olvido, pero un olvido que conlleva a un perdón; a recordar sin odiar, sin el peso de los rencores del pasado. En el relato hay, sin duda, una de las mejores herramientas para encarar la diferencia y demostrar que detrás de cada prejuicio hay un rostro, una voz, una piel; pero sobre todo, hay una historia, un relato que debe salir de los pequeños grupos donde se reúnen los que se sienten excluidos.
Las feministas, los movimientos LGBTI, los partidos afro, todos, deben empezar a mirar la narración que tienen cada uno desde sus propias vivencias. Esas personas por las que luchan, tienen algo que decir, que contar. Alzar la voz, no conlleva directamente a narrarnos. Pero cuando relatamos, necesariamente despertaremos interés en un inter-locutor que guardará en su memoria aquel relato.

Por: Márquez
Mendoza, Jorge. (2004). Las formas del recuerdo. La memoria narrativa. Athenea Digital, N° 006. Universidad de Barcelona. Barcelona, España.
Vázquez, Félix. (2001) La memoria como acción social: Relaciones, significados e imaginarios. Editorial Paidòs. Barcelona.

[1] En este texto se hará uso de la palabra diferencia, para referirse a aquellos individuos y colectividades que han sido vulnerados por la normatividad. Es decir, por todas esa normas que suponen la existencia de un orden que quiere ser perpetuado.

jueves, 3 de marzo de 2011

De Cartagena: el rompecabezas.





En la periferia.


El “keymer” suena en la gallera, y los “Keymeristas” danzan al son de cada canción, como poseídos por la música; como llevados por el ambiente; como si sus vidas en ese momento se detuvieran por el éxtasis. Ese espacio, se transforma en el lugar ideal de reconocimiento. Allí todos son parte de una misma fiesta, del mismo escape. Se sienten en la cúspide social.


Estos hijos de la tierra labrada a mano, son la parte que jamás se ve en un recorrido turístico. Son la sombra de la ciudad moderna y la histórica. Porque, ni tienen modernidad, ni edificios, ni hoteles lujosos, ni vista al mar y porque no tienen, casas históricas, ni plazas con monumentos a los próceres de la independencia… en fin, no tiene historia, ni nada que mostrar.


Estos recónditos lugares, solo tienen fealdad. Casas humildes y grises. Colores poco atractivos para el ojo extranjero. La gente de estos lugares, tiene “los Picós” para escapar a su realidad. Ya de por si viven en la periferia geográfica, y son re-afirmados como tales, por el imaginario: son marginales, viven al margen de esta ciudad. Allá, donde “El Keymer” arma la fiesta.


Ciudad [IN] justa.
En la carretera, el mototaxista y los policías motorizados estaban en medio de la disputa, mientras la gente se amontonaba a su alrededor. En medio de todo el alboroto, los oficiales apoyados por sus compañeros - otros oficiales que llegaron al lugar para ver como había ocurrido el accidente – insistían en la culpabilidad del civil.


La pantomima, producto de las evidentes diferencias que existen para aplicar la justicia en esta ciudad, daban por culpable –sin serlo- al hombre de tez negra y de formas hoscas a la hora de explicar su inocencia. Mientras, los oficiales - culpables ante la mirada de toda la gente que observaba - sabían que su culpa se esfumaba en los laberintos de una justicia por conveniencia.


La situación se desenredó fácilmente, los oficiales se llevaron a Miguel – el mototaxista- y los otros oficiales – los que causaron el accidente- tomaron su moto y se dispusieron a retirarse del lugar. La gente quedo impotente. Vieron como es claro, que la justicia en esta ciudad se aplica a unos pocos; los que menos influencia tengan: los más frágiles.
Por. Márquez.