lunes, 18 de abril de 2011

Del Empleo y la Fuerza laboral.


“Ningún colombiano se muere de hambre”.


De mi querida Colombia y mi amada Cartagena, tantas dudas surgen alrededor de las posibilidades que tienen para brindar a sus pobladores las oportunidades necesarias para que logren tener una vida digna. Por eso recuerdo, que hasta la última vez que supe, la economía de Colombia se ubicaba dentro de la cuarta más grande de América Latina por su producción diversa y por la proliferación de distintos sectores. Y aún así, las crisis que han golpeado a este país en distintos tiempos de su historia, han generado desigualada en la construcción del bienestar del país mismo, y por ende, desigualdad en el bienestar de su gente. Es decir, que la riqueza está mal repartida.

Y esa condición de vida digna, tiene sus connotaciones: acceder a la educación, a la recreación, a una vivienda, a una buena alimentación y muchas otras cosas, que parecen, en algunos casos, un hermoso cuento de hadas. Porque las posibilidades de tener una condición de vida favorable, disminuyen cuanto más aumenta la tasa de desempleo y la inflación sube.

Miremos entonces como Marx acuña el término: Fuerza de trabajo. El cual, hace referencia a la capacidad física y mental inherente a cada ser humano, para realizar un trabajo. No obstante, no basta con esa capacidad si no existen espacios ni garantías brindadas por el estado para que todas las personas se logren desarrollar laboralmente.

En este punto, es preciso señalar, que la fuerza laboral permite la obtención de los recursos necesarios para la subsistencia. Por tanto, si no hay garantías para que dentro toda familia haya personas trabajando, se hace imposible garantizar que dichas familias tendrán acceso a la educación, la salud, la vivienda digna, la recreación y demás derechos que se concretan con la capacidad adquisitiva.

Teniendo todo esto planteado, se puede reflexionar acerca de los resultados de un estado que no puede garantizar el pleno empleo y que año tras año, lucha por bajar su tasa de desempleo que pareciese no ceder. Aunque las encuestas digan todo lo contrario ¿Para qué nos mienten? ¿Quizás temen la fuga de cerebros?

Que “ningún colombiano se muere de hambre”, es cierto. Pero este hecho no niega el otro. Como dicen: lo cortés no quita lo valiente. En Cartagena, por ejemplo, la economía informal es cosa digna de admirar. Sales a la calle y puedes observar claros ejemplos. Muchos, cientos, viven del “rebusque”.

Pero ¿Qué es el rebusque? Son las maneras que cada persona encuentra para conseguir entradas de dinero que le permitan satisfacer sus necesidades básicas. Y en Colombia, esta es una de las formas más recurrentes dentro de la Economía nacional. De ahí la preocupación de los universitarios a la hora de sentir cerca su graduación. La incertidumbre de reconocerse en un terrero infértil laboralmente, y sobre todo, con alta competencia no solo por sus compañeros de promoción, sino por todos aquellos que también engordan las filas de desempleo. El panorama parece aterrador.

Los jóvenes universitarios tienen toda la fuerza de trabajo. Además, tienen iniciática, conocimiento, juventud. Pero, ¿y la experiencia? En esta economía, existen infinidad de trabas para llegar a ser empleado. Y ni hablar de los asalariados, que no se atreven a perder sus empleos aunque mal les paguen. Que les queda a los universitarios, hallar formas para “rebuscarse” con su profesión.

La situación se torna preocupante, pues, creer que las formas de “rebusque” no ayudan a la fuerza laboral de nuestro país, es desconocer la legitimidad de estas dentro de la sociedad misma. Sobre todo, porque ayuda a que la gente no muera mientras el país les da mayores garantías. Por lo cual, uno de los grandes retos, es hacer de estas formas de empleo válidas y además, útiles para la economía nacional.

Vale la pena mencionar un aparte de la Investigación hecha por Javier Eduardo Báez Ramírez y Haroldo Calvo Stevenson en la Universidad Jorge Tadeo Lozano (1999) titulada "La economía de Cartagena en la segunda mitad del siglo XX: Diversificación y rezago", en la que dicen: “durante la segunda mitad del siglo XX Cartagena ha conocido una pujanza económica que contrasta con otros períodos de su historia, de manera que, en diversos aspectos, la condición de sus habitantes es hoy mejor que hace 50 años. Sin embargo, los avances no han sido ni espectaculares ni importantes comparativamente, pues la gran diversificación que ha experimentado el aparato productivo local es de una naturaleza tal que no ha podido reducir el rezago social de sus habitantes frente a los de las demás ciudades grandes del país” (p.48).

Y recordar, un artículo publicado en “El Espectador” a comienzos del 2010, en donde afirmaban que según la estadísticas nacionales “en las 13 principales ciudades del país el desempleo se disparó de 11.4%, el año pasado, a 13.1% a agosto de 2009”. Y que “la ocupación en el país llega a 18.2 millones de personas, mientras que el año pasado era de 17.3 millones [es decir, 2009].

¿Y el 2011?


Por: Márquez.