sábado, 13 de septiembre de 2014

Un ángel se viste frente al espejo


Rayon se mira al espejo. Ve su imagen: ojos profundos, el sarcoma de Kaposi en su frente, su rostro demacrado. Rayon sabe que el virus está ahí, que lentamente ha ido acabando con ella, pero insiste en verse hermosa aun en la muerte. Por eso se prueba el vestido rosa, imaginando, quizás, cómo sería todo si no tuviese que morir pronto. Esa es posiblemente la metáfora más profunda sobre lo que significa vivir al margen: contemplar la imagen que has construido al borde de un precipicio.  

Rayon es una mujer trans que asume la feminidad desde el performance. Ella debe adoptar las estéticas de las mujeres de aquella época para lograr ser una.  El vestuario, las pelucas, los accesorios. Cada elemento conjugado para lograr el objetivo: ser una mujer. Sueña con intervenir su cuerpo, con dejar de ser solo una vestimenta. ¿Cuánto valdría una cirugía estética en ese momento? Quiere llevar tetas.



Juega con su cuerpo. Juega con las posibilidades que le da el vestuario. Pero sabe que está enferma.  Lo único que tiene es eso: su belleza. Maquilla afanosamente su rostro para ocultar las lesiones que han ido apareciendo. Necesita olvidar que el tiempo corre en su contra. Su cuerpo delgado ahora es demasiado frágil. Las inyecciones son heridas pequeñas que no terminan de sanar. Pone rubor en su cara,  sombra en los parpados, rímel en las pestañas, y al final el labial. Esta lucha no solo la libra con medicamentos, debe armarse de todo el maquillaje posible.

Sale a la calle y recorre el mundo con calma. Rayon dejó de ser Reymond hace mucho tiempo. Desde entonces, se alejó de todos. Los trajes formales no eran para ella. Se fue de casa un día y se nombró Rayon para ir borrando lo que otros habían escrito sobre su piel, para ir ganando autonomía, para empezar a construirse desde la posición que quería. Ahora se mira al espejo y tiene lágrimas en los ojos. Lleva tanto tiempo luchando que parece estar quedando sin fuerzas.

Morir no es un asunto nuevo para ella. Murió para su familia cuando cambio su forma de vestir. Murió para sus viejos amigos de escuela cuando decidió ser ella. Murió socialmente cuando sus allegados supieron que tenía VIH. Pero todas esas muertes logró sortearlas, luego de cada una encontró la manera de volver.  Logró enfrentar la muerte hasta este día en el que contempla su imagen en el espejo. Aquel vestido rosa es su favorito. Quizás deba ponérselo y ver cómo se mueve mientras camina por la acera.



En su lecho de muerte, Rayon escupirá sangre. Llorará por no querer morir. Estará cansada de tantas luchas. Sentirá la necesidad de sentirse amada. Rayon no irá al cielo, a ese arquetipo de espacio con ángeles y querubines. Rayon merece otro lugar, mundos posibles, nuevas formas. Al morir caminará rumbo al verdadero destino de quienes nunca pudieron encajar: la nada. Rayon será solo un cadáver infectado. Un número en la estadística. En el peor de los casos, una noticia morbosa. Un cuerpo extraño. Y para su familia, un silencio; una imagen en las fotos de la que solo contarán una parte de su historia. La muerte llegará sobre ella, silenciosa, como un sueño. 


Por: Márquez 


3 comentarios:

@Marclaux dijo...

Wowww, me encantó.

Sobre todo ese pedazo final; la nada, no sé cómo sea pero quiero un lugar.

Carolina Gómez dijo...

Que triste :(

Juan Pájaro Velásquez dijo...

Excelente. Puro sentimiento.