sábado, 15 de marzo de 2014

BIACI: un acercamiento personal a las obras

Una de las nuevas apuestas por generar espacios que permitan las expresiones de arte en el país es la Bienal Internacional de Arte Contemporáneo de Cartagena de Indias, un evento que ha dejado una buena impresión entre los críticos y que ha traído un conjunto de obras que atraen a la gente, que en mi concepto, es lo más importante. Porque, qué sentido tendría un evento como este, si solo estuviese pensado para los expertos en arte y en el que la gente no tuviese posibilidades de interactuar con las obras dentro de unos parámetros establecidos. Cartagena se abre en esta ocasión a un evento que llego para quedarse.



Ahora, viendo toda la invasión naranja en la ciudad, me decidí a recorrer algunos  puntos del BIACI y quise compartir mis sensaciones frente a las obras que acompañan esta primera versión de la Bienal. 

           1.      Lugar Común (Ruby Rubié – Colombia ; Justine Graham – Francia/USA.).






Esta obra me impactó. En medio de su sencillez guarda una profunda denuncia, una idea que motiva a preguntarnos por el sentido de las etiquetas y la separación de clases. La instalación presenta a 100 mujeres que guardan entre ellas una relación de empleadora-empleada que se rompe cuando las sientas una al lado de la otra, despojadas de cualquier artificio que las ubique en un lugar o en otro, dejándolas, como el titulo lo señala, en un lugar común. Sin embargo, viendo la obra sentía la necesidad de adivinar quién era la jefe y quién la empleada. Una señal más de nuestra forma de concebir el mundo. Siempre desde los opuestos, otorgándole a cada persona su “lugar” y justo cuando las colocan en un suerte de igualdad visual, necesitas ubicarlas. 

                  
                  2.      Signos cardinales (Libia Posada – Colombia).






Una obra tremendamente dolorosa. La artista hace una investigación sobre las familias que han sido desplazadas y que, luego de una primera experiencia, tuvieron que volver a desplazarse. Una muestra más de cómo las víctimas de la violencia en este país pueden ser re-victimizadas. Lo que más me llegó de la obra, fue la manera tan contundente cómo se plasma esta realidad. Tomó fotografías de las piernas de las personas implicadas en el proceso de investigación y en ellas, plasmó los mapas que ellos mismo dibujaron, con ciertas convenciones, en donde trazaban la ruta de sus múltiples desplazamientos. El resultado es el que ven en la foto. Imágenes sin rostro, solo piernas marcadas por esas rutas de dolor que nos recuerdan que todos podemos ser victimas también. 

           3Inventario II ( Wilder Sotelo – Colombia). 





La obra se parece a Cartagena. Desde lejos el contraste del rojo con los cuadros blancos y las armas talladas en ellos, logra una sensación agradable. Cuando te acercas y empiezas a leer lo que en cada uno hay, descubres los errores ortográficos, la forma de nombrar las cosas; todo eso ligado a un arma de fuego o corto-punzante, en su mayoría hechas de forma artesanal. La obra me transporta a la periferia, a esos lugares que no son parte de un recorrido turístico y que se hacen visibles en las noticias con un alto tinte de prensa amarilla. Este inventario, nos muestra las versiones de distintos jóvenes que  re-significan sus territorios  y que los modifican gracias al empleo de estas armas como símbolos de su poder. No son postales de plazas ni de monumentos, son pedazos de estos otros espacios en los que la gente resiste. 

             4. La poética de los reflejos (Diego Mendoza – Colombia). 











Había visto la obra por internet, pero mi sorpresa fue total cuando vi la pared dedicada a esta pieza. La poética de los reflejos me conmueve por el contraste entre la naturaleza y la modernidad. Las altas torres que presenta también hacen parte de mi realidad y logro hacer el paralelo entre lo que obra muestra y lo que puede existir detrás. La naturaleza en lucha constante contra un desarrollo que cada día parece arrastrarlo todo, acabar cada centímetro verde como si los recursos naturales no fuesen necesarios. El artista analiza el espacio que tiene el mundo rural en el que creció en el mundo contemporáneo. Constituyéndose en una apuesta critica, un árbol y una torre que se reflejan mutuamente, en una suerte de equilibrio ideal que dista mucho de la realidad en la que la invasión de estos artefactos afecta todo el espacio tanto para los seres humanos como para la flora y la fauna.



               Otras obras:


 













Por: Márquez. 

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