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lunes, 9 de abril de 2012

Todos con el mismo corazón.


La Cumbre de las Américas nos tiene sensibles a todos. Es que tantas medidas de seguridad nos hacen sentir como si fuésemos culpables de algo, o sospechosos o ajenos a este lugar. Imaginen que van por la calle y se cruzan con los antimotines uniformados como para detener a un batallón, caminas más y ves a los de verde circulando y cercando a cualquier persona extraña para que coja su rumbo por fuera del centro y eso, sin contar con las tanquetas que están allí formando parte del paisaje. ¡Medidas de seguridad en todos lados! Como si éste fuese un cuento de terror. Pero bueno, todo sea por la Cumbre.

El punto aquí no es seguir hablando de lo mismo, es otra cosa. Me llamó la atención los carteles luminosos que hay en distintos puntos del Centro Histórico, letreros que además de toda su luminosidad muestran mensajes bastante particulares que reafirman toda la seguridad que debe sentirse durante la Cumbre. Me referiré a uno en especial, un mensaje que muestra el slogan de La Policía Nacional y que reza: Todos con un mismo corazón. 

¿Y qué es lo que me sorprende? ¿Acaso no son ellos los héroes de este país? Pues bien, pude morir de la risa al leer el mensaje. Se refieren al corazón de quién exactamente, me pregunté.  ¿Será acaso al mismo corazón de los estudiantes a los que atacaron con gases lacrimógenos cuando se luchaba contra la ley de educación?  ¿Será el mismo corazón de los que se sintieron agredidos el día de la Marcha de la Diversidad sexual? ¿Será el mismo corazón de los que requisan simplemente por el poder que sus uniformes y sus armas les “otorgan”? ¿Será el mismo corazón de los que protestaban contra el Juan Valdez de la Plaza de la Paz  y que ellos arrinconaban con la excusa de que molestaban a los clientes del lugar? Eso, solamente refiriéndome a la parte local.

Como una institución que en más de una ocasión demuestra que el ciudadano es su menor importancia, puede atreverse a suponer que siente con el mismo corazón de la gente. Basta con salir a la calle y ver las reacciones de más de una de las personas que se cruzan con los uniformados. El rechazo y la antipatía que la Policía Nacional  despierta en la gente debería ser motivo de preocupación para la institución misma, pues, no deben olvidar que no hay autoridad sin una legitimación del pueblo.

Quizás, el problema de fondo con los que se supone deben garantizar nuestra seguridad y el orden público es que a veces – muchas veces- hacen parecer que ese sentido de su labor, queda desdibujado frente a necesidades más importantes de estamentos de mayor rango. Y es que, como puede la gente sentir con el mismo corazón de ellos cuando desconfían de cualquier acto que estos lleven a cabo. Porque si de algo se habla, es de lo torcido que es ese brazo verde de nuestra ley – y eso, no lo digo yo-.

Por mi parte, me resulta imposible sentir con el mismo corazón de aquellos que un día me hicieron sacar todo del bolso para ver qué llevaba. Y que no dieron más excusa que mi apariencia, pues al parecer, tenía mal aspecto (?). Me disculparán ellos como institución por juzgarlos a través del accionar de unos pocos, pero cuando se tiene un uniforme lo que más importa es cuidar la imagen que la gente puede tener no sólo de la persona que porta el uniforme en cuestión, sino, de la institución misma. Pero sobre todo, porque lo que debería importar es cómo se siente el ciudadano frente a quienes debe garantizarles una vida segura y respetable.

La pregunta detrás de todo esto, es cómo asumen los de Verde esa dicotomía entre la imagen que se supone deben tener y la que realmente tienen. Valdría la pena hacer un listado de todos los percances que hemos tenido con los funcionarios de esta entidad por sus abusos y sus malos tratos, en ocasiones, injustificados para entrar a debatir con ellos si realmente creen merecer ese slogan.  Me pregunto ahora, ¿Uds. siente con el mismo corazón de la Policía Nacional?


Por: Márquez.

jueves, 1 de marzo de 2012

Quien fuese Irina Junieles.

Como desearían muchas personas que conozco y hasta yo mismo, en algunos casos, ser como Irina Junieles. Para que cuando nos hagan el feo en algún lugar, sacar nuestros reconocimientos, nuestros contactos y toda nuestra fuerza en los medios para poner a más de un idiota útil en su sitio y que aprendiera que la gente no tiene que ser categorizada.

Sí, que a ella, la ex directora del IPCC y unas amigas, las sacaron de un restaurante en el centro histórico para dar paso a gente más importante. Imagino que asumieron los empleados del sitio, que se trataba de simples cartageneras que por más que se molestaran nada lograrían. Pero les fue mal. Junieles sin dudarlo, presentó una carta para quejarse y los medios se han dado a la tarea de comentar el suceso. Ahora, todos hablan de exclusión.

Claro. Quien fuese Irina Junieles y sus amigas. A nosotros, los de  Cartagena, los que la vivimos los 365 días del año nos excluyen a diario. Lo más irónico, es que lo hacen otros cartageneros que olvidan que cuando se quitan el uniforme del sitio donde trabajan, se vuelven tan vulnerables como el resto. Y es que, vamos al Éxito y nos requisan si llevamos pinta de estudiantes pobres. Pero si llevamos el Mp4 conectado en los oídos y el bolso Totto podemos correr con más suerte. A nuestro lado pasan  los de pieles rojas y amarillas, sin dar mayores explicaciones. Entran como si estuviese en su casa ¿No es eso lo que queremos que hagan? ¿No queremos que se sientan en casa? Los que nos sentimos ajenos, somos nosotros.

Y es que ya lo dice el dicho: “De la calle vendrán y de tu casa te sacarán”. Y vaya que lo han hecho. El centro no es para nosotros. Es para ellos. Para nosotros está la periferia. En las murallas, los uniformados pasan a requisarte si te ven en  grupo. Según sus prejuicios si son hombres todos ¡Son Gays! Y esos son terribles y hay que tratarlos como basura. ¡Nadie dice nada! Sin son un grupo con peinados raros o ropas demasiado anchas, ¡Son drogadictos! Y esos, son terribles y hay que tratarlos con asco.  ¡Nadie dice nada! Si después de repararlos bien, les parecen que son unos pelaos “bien” de esos que sólo fuman para verse más sofisticados, los dejan. ¡Y nada pasa! Pero sin son los turistas, pasan de largo. Es que esas son personan con excentricidades propias del primer mundo. ¡Hay que respetarlos!

Está es una ciudad bizarra en la que los de afuera siempre serán los primeros. Y digo serán, porque nosotros sólo reaccionamos cuando le pasa algo a gente como Irina. A nosotros, pues vaya y venga ¡Qué más da! Pero a nuestra clase dirigente y distinguida jamás podrán ningunearla. ¡Qué ridículos somos!

Lo cierto, es que mientras escribo esto pienso en mi mismo y las veces que he permitido que me violenten. Y las otras veces, que le he hecho frente a la cosa mientras los demás sólo ven como pasa. No es posible, que el único recurso que nos quede sea escribir textos y montarlos en un blog. ¡Deben existir acciones! Seguimos dormidos. Está Cartagena turística nos codena a ser los arrimados de la ciudad histórica y la ciudad moderna. Ahora, lejos de ser la leona fiera que destrozo las cadenas del yugo español, somos un lindo gatito que contentan con cualquier cosa. ¿Y nuestros medios? Son sólo el eco de las voces que les convenga mostrar.

Por: Márquez.

martes, 14 de febrero de 2012

Del inconveniente de no estar dormido.

Son La 12.06 de la A.M, al menos, eso dice el reloj. En el televisor pasan “El Pianista” sin subtítulos y en su idioma original. Mi abuela en la cocina acomoda platos con una sinfonía conocida: el tin tin que se produce cuando un plato choca contra otro. Me pregunto qué hago viendo una película que ya vi y que ahora no entiendo. Veo al protagonista conviviendo con la soledad y con el miedo. Quizás es sólo coincidencia que muchos de los que me rodean, vivan en la misma situación.

Recuerdo una frase de E.M. Cioran en “Del inconveniente de haber nacido”: “No hago nada, es cierto. Pero veo pasar las horas – lo cual vale más que tratar de llenarlas.” El libro reposa sobre mi cama, mientras el protagonista de la película toca la puerta de no sé quién pues no entiendo lo que dicen. Cambio de canal. Paso de uno a otro sin prestar mucha atención. Si de elegir se trata, siempre tomo extrañas decisiones. El boxeo me resulta un deporte en extremo rudo. Eso es lo que veo en el televisor. Pero lo cierto, es que no hay nada que más nos identifique como un deporte pobre que ha sido desplazado y que es el refugio y la esperanza de los pobres que lo practican. Cambio de canal.
La imagen de la portada del libro de Cioran, me mira con insistencia. Se ve algo meditabundo el tipo. Como quien se preocupa por el futuro, cuando el futuro quizás no exista. El ventilador gira sin interrupciones, mientras Sandra Bullock se despide de Ben Affleck.  La película lleva por título “Fuerzas de la Naturaleza”. Descubro en ese instante,  la carta que mi primita me escribió. La leo con detenimiento. Es un corazón grande con uno más pequeño dentro. Está decorado con líneas de colores por todo el borde de la hoja. Dijo que era para mí, porque me quería mucho. Me lo dijo al oído. Creo que era un secreto. Afortunada ella, que aún ve el mundo pintado de colores, tantos como los que usó para decorar la carta.
La lluvia cae sobre Sandra y Ben, allá en la película. Me percato que mi abuela se ha ido a dormir. Quizás, la vida sea como estos momentos de nada, en los que todo pasa sin ser sospechado y en los que el mundo camina en una delgada línea de tiempo constante. ¿Acaso está avanzando el tiempo? ¿Es de día o aún es de noche?
Entonces dice ella -la de la película- de un momento a otro: “la vida es como un corto paseo”. ¿Corto paseo? El mío parece más corto que el de cualquier otro. ¿Otro? ¿Con quién me comparo? ¿Acaso importan estas líneas sin sentido? Y justo entonces, pienso en ti.
¿Has visto cómo las nubes se quedan inmóviles en el cielo? ¿Cómo los árboles se quedan quietos sin mover una sola hoja, ni rama? Justo así me siento ahora. Quieto. Quizás la vida sea en resumen como este momento. La noche silenciosa, el techo aburrido de siempre, y el aire del ventilador. La casa cerrada. Las puertas con llave. Todo seguro. Y aún el miedo. Al igual que Cioran no hago nada, pero las horas se me van con el lápiz y el papel. Mi abuela cree que el problema es dormir demasiado. Pero la verdad es que el problema, es no estar dormido.
Por: Márquez.

martes, 3 de enero de 2012

Una ciudad de Negros (?).



En Cartagena no hay negros. Créanlo, no los hay. Existen trigueños, morenos claros, morenitos, piel acanelada; pero negros, jamás. En esta ciudad de pieles oscuras, ser negro es una vergüenza. Es más, serlo, te pone en peligro de ser excluido e incluso atacado. ¿Recuerdan a la chica que no dejaron entrar a la discoteca por negra? ¿O ya olvidaron a la muchacha negra con sus amigos gays a los que les dispararon balines? Pues bueno, si lo olvidaron recuérdenlo, porque esos son sólo algunos ejemplos.

Vivimos en una Ciudad de irreverencias y ridiculeces. Con el endorracismo a flor de piel. Aquí negro no vota por negro. Y en los restaurantes, los exclusivos, si estas en compañía de un extranjero entonces eres un poco blanco. Es cuando uno reflexiona y se da cuenta, que la ficción es muy parecida a la realidad. ¿O era al revés? Quizás por eso, el sueño de nuestras vidas es conocer un extranjero que nos saque de pobres.

Miremos el  siguiente caso: en las propagandas contra la violencia de la mujer, aparecía el rostro de una negra con una lágrima como portada de la campaña. Y no es que todo lo transformemos en problema, pero me surge una duda: ¿No maltratan a las mujeres de tez clara? ¡Ah, cierto! En esos casos si somos una ciudad de negros. Pero para entrar a las discotecas, tenemos que pensarlo dos veces.

Y no es solo eso. Aquí, para la administración local el tema Afro es una viñeta en sus agendas de programación que llenan con actividades de danza y canto. Los negros son la minoría. Existimos, cuando se trata de mostrar al mundo que somos un país multiétnico y pluri-cultural. Y cuando Cartagena, se muestra como una ciudad para todos.  Del resto, somos esa parte de la población que vive en ciertos barrios – más en unos que en otros-. ¿No se han dado cuenta cuan negros somos? Salgan a las calles y reaccionen.

Pero allí no acaba todo. Miren como nos esforzamos por blanquearnos. El cabello rubio, los lentes de contacto azules, y en fin. Tantas formas para parecernos más a esos otros que tiene la libertad de andar por donde se les antoje. Aunque, cabe aclarar, ser negro es algo complicado. Pero ser negro y pobre, es una maldición. Tanto así, que ser pobre y tener la piel clara te acerca más a los negros que a cualquier otro grupo.

Sentimos vergüenza de nuestra historia. Estamos cansados de ser los que deben agachar la cabeza. Si antes fuimos esclavos, ahora, cuando hablan de negros se remontan a la palenquera, al que vende frutas, al raterito de barrio o al que vive lejos y en condiciones deplorables. ¿Sólo somos eso, acaso? Nos hemos olvidado de la imagen que debemos tener de nosotros mismo.

Si debemos llamar a alguien a la reflexión, es a nosotros. ¿Cómo exigir que nos vean de una manera distinta si nosotros mismos no nos vemos de otra forma? El cambio debe ser desde adentro. Desde esos que le dicen al otro: “negro tenias que ser”. O de ese otro, que al saber que es un negro el que tiene al lado agarra su bolso con mayor fuerza. Y del que siendo negro, jamás reconocerá tal cosa.

Debemos buscar, por todos los medios, dejar atrás esa satanización a la que nos había condenado la religión. Dejar atrás, esa idea que lo único grande que tenemos es la boca, el pene o el culo. ¿Y los cerebros? Hay que hacer más campañas como la que emprendieron los niños de un barrio de la ciudad para re-significar una frase tan peyorativa como “negro tenías que ser”. Hay que creerse la putería y mover las caderas satánicas que tenemos. Pero también, hay que ser médicos, abogados, filósofos, comunicadores, historiadores, antropólogos, luchadores. Debemos mostrar que somos, como todo en Colombia, una amalgama de diferencias y similitudes. Un universo diverso y rico en posibilidades, tan útil para esta sociedad como cualquier otro. 

Por:  Márquez.

Mezcla de sabores y culturas en la navidad cartagenera


Continuando con los Retazos y apropósito de la Navidad que pasó :

Por estos días, cuando todos afinan los detalles para la cena navideña y el año nuevo, en Cartagena cada uno celebra a su manera. La oleada de personas del interior hacia la ciudad, a causa del desplazamiento y en busca de mejores oportunidades, ha hecho que a la hora de celebrar la navidad, muchos quieran regresar, así sea por un día, a sus lugares de origen.

Recordar, entre otras cosas, la comida de mamá, la música propia de la región, las calles del pueblo, el olor a monte. Estas fechas, le dan espacio a una mezcla de sentimientos que nos genera bienestar, hacer un pare, compartir en familia y retomar el camino con más fuerza.

En el barrio Los Almendros, Miguel Ángel Díaz, quien desde hace 7 años vive en Cartagena, celebrará con su familia que viene de Vélez, Santander. Cuenta que tomarán masato santandereano y chicha preparada con miel de caña. La cena estará compuesta por unos pavos rellenos que les mandarán desde Bogotá, ensalada de verduras y arroz con arvejas, propio de su región. Por su parte, amenizarán la noche al ritmo de Darío Gómez y música popular.

En otro punto de la ciudad, barrio Nelson Mandela, sector Los Robles, Yamile Mejía, oriunda de Cocorná, Antioquia, esperará la navidad y el año nuevo trabajando al frente de su tienda Nuevo Mundo. Sin embargo, no es ajena a la época y desde ahora coordina todo lo necesario para pasar la nochebuena con tamales y chicharrones. A su vez, disfrutará la navidad con la ayuda de unos buenos aguardientes y escuchando ranchera y vallenato.

El hecho de emigrar a hacia una nueva región o país, genera una nueva dinámica social de interacción que muchas veces resulta en que los visitantes acogen las costumbres de la región a donde llegan. Eso ha sucedido con muchas familias de la ciudad que hoy en día ya se sienten cartageneros.

Aunque puede llegar a suceder también lo contrario, que las personas foráneas decidan por voluntad propia, conservar sus costumbres, y precisamente fechas especiales como esta, son propicias para reafirmar este tipo de sentimientos.

Muchos barrios de Cartagena como el Pozón y Nelson Mandela son perfectos para encontrar gente de diversas partes de Colombia. De igual manera, los proyectos de vivienda de interés social como Ciudad del Bicentenario, Flor del Campo y Ciudadela Colombiatón, también albergan colombianos oriundos de los cuatro puntos cardinales del país.

Duvian Giraldo es propietario de la panadería La Mejor Esquina en Colombiatón. Desde hace 19 años huyó de su natal Alejandría, Antioquia a causa de la violencia. A pesar de eso, logró dejar atrás sus recuerdos dolorosos y hoy preparan un gran sancocho de gallina para el 24 de diciembre, al calor de unos guaros, música ranchera y de Los 50 de Joselito.

En el vecino Flor del Campo, Aquiles Carriazo, no olvida a su natal Sucre. Este residente de la calle principal del barrio se vino hace 2 años a Cartagena huyendo de la violencia paramilitar. Se dedica a trabajar la madera y hoy puede sacar pecho de que tiene una casa propia e ingresos que le permiten subsistir modestamente. Para la nochebuena ya tiene escogido al cerdo que va a sacrificar para preparar un suculento arroz y también para hacer pasteles.

Muchos de los nuevos moradores de Cartagena, aun cargan con el estigma del desplazamiento y la desconfianza propia de quien ha padecido la violencia. Al mismo tiempo, Cartagena se afianza como una ciudad donde converge gente de todas las regiones.

Por un lado, están los turistas que vienen por placer, y por el otro, compatriotas que vienen de sur a norte arrastrando su miseria, en busca de una mejor suerte. Unas de cal y otras de arena. Sin embargo, en estos barrios, donde muchos ya están acostumbrados a la inseguridad diaria, por estos días se respira calma y tranquilidad, por lo menos una vez al año. A causa de la bendita navidad, deberíamos celebrar más a menudo.

Por:  Rafael Pereira.