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viernes, 24 de octubre de 2014

Llewin Devis tiene el gato


Sales a la calle y sientes el aire denso del día. Los bolsillos ligeros. El dinero es una ilusión más en tu vida. Este camino de la libertad y los sueños que se persiguen, a veces, suele ser así, lleno de curvas violentas que terminan por llevarte al único rincón que te pertenece: tú mismo. Y recorres las calles intentando hallar esas opciones- como pedazos de maná- que te manden de una, catapultado, a una suerte de éxito más o menos estable.

Entonces piensas en el éxito. Ese lugar extraño al que pocos llegan. Éxito como una suerte de paraíso prohibido al que solo acceden algunos con credencial especial. Los que realmente lo lucharon, los que lo merecen. ¿Y tú? Tú solo tienes los bolsillos vacíos. Esos papelitos en la cartera en los  que anotas direcciones, números de teléfono de contactos, fechas importantes que luego nada, quedan ahí, doblados, desgastados por el tiempo, gritándote que tu vida podría rearmarse  a partir de cualquiera de ellos y aún así seguiría estando incompleta.


lunes, 9 de septiembre de 2013

ASTROLOGÍA para trasnochadores.


Enciendes el televisor después de medianoche y encuentras a dos mujeres hablando del futuro de otras personas.  Dicen poder ver en las cartas las cuestiones más decisivas de tu vida, poder escudriñar y descubrir eso que intentas ocultar. Los astros, las constelaciones, todo el universo conspirando para orientar tu vida hacía algún punto. Esa es la esperanza, creer que una fuerza más allá de nosotros nos ayuda a orientar el camino, que las cosas que nos ocurren aquí en la tierra no son el resultado de nuestras acciones, sino el producto de una línea trazada por quienes conocen de antemano el propósito de nuestras vidas.

El programa continúa y las llamadas no se hacen esperar. La gente pregunta por su situación económica, por su relación con tal persona, por el trabajo que tanto desea.  Y la respuesta siempre está ahí, llena de generalidades, jugando con las expectativas que uno mismo se hace sobre las posibilidades de que algo bueno pase. La astrologa, sonriente, mira con tranquilidad, envuelta en su aura de autosuficiencia y superioridad, mientras dictamina lo qué es y lo qué no es sobre la vida del televidente de turno que esté al teléfono.

Todo parece un montaje – y seguramente lo es- cada llamada, cada pregunta. Pero, cuando recuerdo lo que alguna vez leí comprendo lo preocupante del asunto.  Los entendidos de la comunicación dicen que los medios ayudan a construir realidades; que lo que vemos en la pantalla del TV, lo que leemos en el periódicos, lo que escuchamos en la radio y lo que internet nos ofrece, lo validamos constantemente cuando salimos a la calle o cuando vemos que otro medio dice lo mismo, y empezamos a hacernos una idea del mundo que vaya acorde con esas imágenes. Lo que termina siendo un círculo que no tiene claro su comienzo ni su final. ¿Qué pasa entonces con esos programas que parecen no ser tan complejos?

Cuando alguien enciende su televisor, me lo imagino viéndolo y preguntándose por su suerte. Queriendo hacer la llamada para obtener esa respuesta inspiradora que lo haga creer que aún es posible. En un país que cada día nos muestra su lado más oscuro, en el que los medios sirven a una maquinaria que lo acapara todo, los astros son el libreto que dios nos dejó para que encontráramos el camino. Una suerte de mapa que nos permite identificar el camino correcto. Por eso, esa pantomima mediática de medianoche, sirve para captar la atención de algunos que no puedan dormir por las preocupaciones y que, luego de ver el programa, quieran acercarse donde un experto de esos a conocer su futuro antes de que le llegue.

Las líneas de la mano, el iris del ojo, la taza de café, el tabaco. Todos esos medios para poder descifrar qué nos viene. Y las abuelas llenas de ilusión corren a prevenirse, escuchan con atención a Janin o al Profesor Salomón, para saber qué tienen que decir sobre Géminis o Piscis. La mamá de mi amigo va donde un señor que sabe interpretar los sueños, como José en la biblia. Esperanza. Todos buscan esperanza. Como el papá de Andrés que cada quince días se toma una taza de café y la guarda hasta llegar donde la vieja Clotilde.  Y sale sonriente porque le dijeron que todo iría bien.


Los medios abren espacio a esos espejismos de esperanza para satisfacer a un público que lo pide (?), pero se niegan a otros espacios (digamos, más críticos, más propositivos, mejor pensados). Por suerte esas mujeres solo aparecen en el horario de la medianoche, casi junto al programa sobre la defensoría del televidente. Es que es más sencillo, luego de horas de farándula y telenovelas, entregarle a la gente capsulas de ilusiones en las que la vida parece un cuento, que como todo cuento, tiene un posible final feliz. Y bajo esa premisa la gente vive feliz, todos vivimos felices, buscando en las estrellas la respuesta a nuestras miserias. Y lo peor, es que consciente de todo esto, no apagué el televisor hasta que no hablaron de mi signo.



Por: Márquez. 

viernes, 24 de mayo de 2013

Despertar.


"Estar despierto" trae su propia responsabilidad, una pulsión de amor por el otro. IlBambino.


Hace días intentaba escribir un post sobre un cartel que vi en un puesto de salud que ya debería estar listo para atender a no sé cuantas personas. El cartel, era la voz de alguien que se atrevió a decir “elefante blanco”, como protesta al engaño que ha representado ese lugar para todos los habitantes de ese sector. Les  hablo de  la  esquina de la cruz roja, paso necesario para todo los que cogen microbús y se bajan por el estadio de San Fernando y toman caminos a los distintos barrios que quedan por esos alrededores. Un espacio clave en la geografía de la gente, tanto así, que aún hoy, cuando el puesto de salud que conocían con ese nombre no existe, todos entienden de qué lugar hablan.

En aquella ocasión el texto empezaba así: “estamos acostumbrados a resignarnos a lo que nos toca. A pensar que el gobierno nos hace favores. Vamos por las calles lamentándonos de la situación actual mientras disculpamos con argumentos flojos la falta de compromiso de quienes ostenta el poder.  Se nos olvida por completo cómo llega toda esa gente a ocupar sus cargos.

Yo mismo me he visto reducido al silencio cuando veo a una señora lanzar la basura por la ventana del bus, en un acto mecánico que no le despierta el menor conflicto. Uno de tantos comportamientos que hemos llevado a la cotidianidad de nuestras vidas, como algo normal que no debe generar el mínimo asombro. Sin embargo, iba caminando cuando descubrí una señal que me mostró que, tal vez, aún hay posibilidades”.



Ahora que lo pienso, si creo que haya posibilidades. Pero decidí cambiar la intención del texto, porque el anterior iba cargado de demasiada desesperanza.

Lo que aquel cartel muestra, es que existe una inconformidad en nosotros. Que en el fondo sabemos que debemos reaccionar, pero pasa algo. Es como un letargo, es la costumbre a pensar que vendrá un ser divino y traerá la justicia. No obstante, el germen sigue allí, taladrando en la cabeza de todos. Hablándonos en voz baja para ir dejando esa sensación de vacío, de desigualdad.

Por eso, creo en la gente joven. En los que se sientan a cambiar el mundo con palabras. En los que se cuestionan el sistema. En los que se siente llamados al arte, la política, los medios, la ciencia, la revolución. Creo en todos esos locos, que andan por el mundo creyendo en proyectos que nadie financia. Pero seguía faltando algo.

En estos días llegó como iluminación. Si, hacía falta algo. Faltaba amor. Una pulsión de amor, como dijo mi amigo. Porque para despertar en esta ciudad que, como bella durmiente espera su príncipe, se hace necesario liberar ese pulso de amor por el otro, esa capacidad de ponernos en el lugar del vecino, de darle la mano, de decirle “no tire la basura por la ventana”. Hace falta que algo nos trastorne y nos haga actuar. Que nos saque del confort, de los cuartos, de los blogs, de los computadores. Necesitamos amar una causa más allá de nosotros, para que el somnífero deje de hacer efecto y sintamos la necesidad de arder.

Hagamos arder a Cartagena. Hagamos que la gente sienta que el único miedo posible es el de morir encerrados en nuestras casas, en nuestros cuartos, esperando la salvación. Salgamos a comernos la ciudad, a exigirle a la clase dirigente, salgamos a montar a nuevos nombres y nuevas caras en esos cargos. ¡HAY QUE DESPERTAR! Más carteles como los que vi, más gente loca liderando el mundo.


Por: Márquez.

lunes, 6 de mayo de 2013

Volver al útero.


Todo comienza con la lluvia. Sientes frio y luego ella te va cortando con pequeños toques, entonces viene la sangre. No es roja, no es azul, es una sangre verde y negra que empieza a mezclarse con la tierra. Brotan las flores y entiendes por qué fuiste hecho de barro. Ahí sigue el paisaje, mientras tú juegas a ser parte del verde natural que te rodea, y el carro continua andando. Así iba yo.

Las montañas se unen con las nubes en un coito lento y temeroso. La montaña entrega a la blanca nube toda la sabiduría que lleva por tantos años de vida, mientras la nube la envuelve en un abrazo húmedo que llena de alegría a cada piedra. El resultado en una flor amarilla o un conejo silvestre, aquel es un coito que beneficia a terceros. Es que la naturaleza se conecta, se comunica.

¿Cómo sería poder tomar una rama y probar un poco de la savia del árbol y conocer la historia que él ha vivido? ¿Cómo sería poder preguntarle a una zorra cuántas veces ha visto nacer un río? Así va la tierra abriendo espacios, en donde menos creemos, para que el agua se quede por varios días, y no los deje solos.

Y los árboles siguen como un desfile de modelos vanidosas. Muestran sus copas, sus ramas, sus troncos. Seguros de la belleza que los envuelve, se adornan con flores de colores, con aves cantoras, estirando sus ramas un poco más para aprovechar el sol. Las garzas con sus patas largas juegan en un charco y un árbol seco, como una garra dolorosa, se muestra terrible en mitad de todo. Aparecen otros rastros del hombre en la tierra, aparece un terreno negro cual cicatriz abierta causada por el fuego, árboles cortados y montones de basura en los costados. ¿A qué vinimos a la tierra?

El paisaje podría ser perfecto. Pero recuerdas que esa erosión que hay en la montaña es causada por la tala de árboles, que cada día hay menos especies y que las carreteras se construyen en nombre de un desarrollo gris que va talándolo todo. Sientes frio, pero no es igual, es ese frio que te aprieta el estomago y te deja sin palabras. Entonces,  cuando miras todo el panorama crees que algo superior debió crear tanta belleza, pero no puede ser el mismo ente que tomó barro y lo hizo hombre. ¿Qué mente retorcida podría creer que el hombre y la naturaleza podrían ser hijos de la misma tierra? Parece que se tratara de un truco y que hubiesen engendrado, con ese barro, una suerte de verdugo.

Ahora quizás todo cobra sentido, y las lluvias torrenciales pueden ser la respuesta de una naturaleza cansada de tantos abusos. Los ríos crecen y se desbordan para protestar en contra de quienes contaminan sus aguas, matan los peces y tumban los árboles con los que conversaba cada día. O tal vez, por eso la tierra tiembla, para reclamar por la explotación de los minerales de forma tan abusiva; para exigir respeto por abrirle las entrañas y extraer todo sin pensar en lo que ella necesita. Puede ser que por eso, las montañas se deslizan sobre las carreteras, para reclamar los espacios que el hombre le ha robado.

Así iba yo. El paisaje me abrumaba. Todo ese verde cortado por sombras de fuego y erosión, me perturbaba. Me preguntaba en qué momento dejamos de creer que la tierra  era una madre que nos daba la vida, cuándo perdimos nuestra conexión con la naturaleza, Porqué nos creímos dioses con poder de decidir sobre lo que muere o vive, lo que es correcto y lo que no. Entonces comprendí: nos inventamos casas, luego edificios y ahora estamos tan alejados de la tierra que no la sentimos parte de nosotros. Perdimos ese sentido de unidad que tenían los zenúes, capaces de crear un sistema de riego que entendía las dinámicas del territorio en el que estaban. Matamos mientras creemos ser la raza superior. Por eso,  cada día pierdo más la fe en esta especie que andan en dos patas y va secando el mundo a su paso. Cada día me siento más ajeno, más culpable, más traidor. Por eso, quiero volver al útero de la tierra, para renacer y ser uno con la naturaleza. 


Por: Márquez.

miércoles, 20 de marzo de 2013

[Des] Esperanza.


He pretendido contar falsas historias sobre mundos posibles que existen al alcance de la mano. Me he mantenido al margen de todo esto  - esto es cualquier cosa y puede ser todo- , con el único fin de no aceptar la realidad que me circunda. Rendido y sumido en mis propias ideas, divago entre las calles y los buses zombis, volviendo a ser el andante sin rumbo que siempre he sido. ¡Existe todo en el recuerdo!

El vendedor de chicles, el humo de los cigarrillos, el pito de las motos. La mujer en embarazo, los niños que se suben y cantan algo que pretender ser  un rap cristiano. La monotonía de ir y venir. El calor que se cuela por cada rincón. La brisa de Agosto.  Y esta ciudad odiosa y mezquina no puede evitar burlase de nosotros. Allí, vagando por los huecos que van dejando los personajes de esta novela, sigue muriendo está ciudad maldita de piel desteñida.

Cada día le pertenezco menos. Cada día me atormenta más su rechazo, su agonía, su desamor. Pero sigo viajando en medio de los rostros distantes, escapando en las líneas de algún poeta que pretenda conocer el dolor de vivir en una tierra a la que no le duelen las entrañas y pare hijos, que luego le sacarán los ojos. 

Compré como muchos la idea del futuro mejor que venía con el diploma. Soñé con lo posible de lo imposible. Quise creer en la fuerza de otorga tener disciplina o al menos, fingir tenerla. Pero siguen sentándose en las sillas altas los mismos. Siguen jugando a ser dueños y poseedores de todo, esos otros más afortunados.

Yo he visto gente talentosa. Pensadores asombrosos. Críticos que dan en el punto, personalidades coherentemente construidas. Pero siempre es el mismo destino. Terminamos siendo caminantes todos. Erráticos. Tristes. Grises. Pobres. ¿Cuál es el futuro?

He pretendido contar falsas historias sobre mundos posibles que existen al alcance de la mano. He intentando mantenerme en pie, para no escuchar que me han faltado ganas. Sigo estando al margen de todo esto – cualquier cosa o todo eso-, pero se estrella contra mí esa realidad hedionda que nos rodea.  He vuelta a caminar sin rumbo, hundiéndome en los recuerdos del pasado. Sigo construyendo una ciudad distinta con mis amigos en las plazas y en los salones. Vivo solucionando los problemas de esta ciudad con la boca. ¿Cuál será la respuesta? ¿Huir de aquí o seguir intentándolo? ¿Nos han faltado fuerzas?


Por: Márquez. 

domingo, 25 de noviembre de 2012

Amontonados.



Los amigos son un grupo de gente ocurrente y distinta, que encuentra un punto de equilibrio, una razón justa para no odiarse unos a otros y por el contrario sentir un gran afecto entre todos. Nunca se sabe porqué se hicieron amigos, cuando existen miles de cosas que odias de esa persona. Lo cierto es que pasó.

Así, pasan los años pero los amigos se quedan. Aun si llegasen a fallecer, quedan. Como las fotos del álbum de la abuela, en las que aparecen personas que siguen viviendo en el recuerdo de ella cuando le preguntas ¿y este quién es? Lo cierto, es que nunca nos damos cuenta cómo pasa el tiempo y con él, las etapas de nuestras vidas. Hasta que un día nos reunimos y vemos que ya hemos empezado a ser grandes y debemos tomar decisiones.

Luego, presentamos otros síntomas de ese cambio de etapa. Nos vemos y presentimos que la próxima vez que lo hagamos, alguno o algunos ya tendrán sus respectivos hijos. O ya estarán viviendo con alguien, quizás la misma persona de siempre. ¡Es cierto! El futuro del que nos hablaban, nos cogió por sorpresa. Entonces, vamos a las rumbas y bailamos sentados. ¿Sentados? Si, así es. Nos ven en las sillas, todos emocionados levantando los brazos, simple y sencillamente, porque ya no soportamos a la gente tan cerca, sudando, fumando y además, gritando.

Otros por su parte, salen a las discotecas y los bares, pero realmente desearían estar en un lugar mucho más tranquilo. La música no es como antes y los bailes de los “chicos” de ahora, nos parecen una pantomima sin gracia. Nos descubrimos, hablando de política y cambiando al mundo; o de los equipos de fútbol preferidos y el porqué les ha ido tan mal en las últimas temporadas. Serios a ratos, deprimidos algunos otros, decepcionados, enamorados, y en fin, viviendo la vida con sus afanes.

Seguimos siendo amigos a pesar del tiempo, la distancia y las ocupaciones. Nos reímos al recordar las hazañas pasadas; los enredos amorosos; las peleas sin sentido y las borracheras que terminaron en episodios vergonzosos. Somos un collage de historias, risas, lágrimas y soledades compartidas;  una foto en la que salimos todos amontonados en el portarretrato de la casa de los más nostálgicos. Como amigos, somos el episodio que más nos gusta de nuestra serie juvenil favorita. E incluso, la canción que nos recuerda algún momento vivido.

Así nos pasa el tiempo – más tiempo del que ya ha transcurrido- y nos damos cuenta, que las reuniones en donde estamos todos juntos se vuelven invaluables. Y que los momentos que quedan en las fotos, son trozos de vida que se hacen común a todos. Añoramos la llamada el día del cumpleaños y en navidad. Esperamos la llegada de ese amigo que ha estado lejos por tanto tiempo. Estamos conectados al nacimiento del bebé de quien menos imaginamos tendría el primer lugar en ser padre o madre.

Quizás lo amigos, hoy por hoy, están subvalorados o sobredimensionados – que se yo-. El caso es que los amigos del colegio, la universidad, los de las andanzas o los de la cuadra, lo son porque de u otra manera están atados a ti y a los momentos más cruciales de tu vida. A las aventuras más excitante. Y a los recuerdos mejor atesorados. A las navidades pasadas, a las presentes  y a las futuras. Es que a veces los amigos son quienes te tienden la mano cuando creíste que quien lo haría, sería tu familia. O quienes te escucharon cuando no querías hablar con nadie más. los amigos son, en el peor de los casos, quienes te han hecho pasar los peores ridículos de tu vida. 

Por: Márquez.


domingo, 14 de octubre de 2012

FRAGMENTOS II








Desde un principio, la cualidad más notable y más mencionada de la fotografía ha sido su capacidad de registrar detalles particulares.   Macdougall, David.







Llena eres de gracia.  Iba caminando y mi cabeza repetía la misma oración: Dios te salve maría…; pensé que tal vez estaba llegando al momento más crítico de mi vida, en el que no podía evitar dejar salir el devoto que llevo dentro. 















El toque secreto. Con la habilidad de una artista vierte la mezcla sobre las galletas, lo hace con delicadeza cuidando taparlas por completo.  Cuando los postres estén casi listos, mi mamá nos hará salir a todos y le pondrá su ingrediente especial. 










Alcanzándome a Jack.  Treparé y tocaré la tierra de los gigantes. Entraré a la casa del temible hombre y ayudaré a Jack a escapar. Por mi ayuda le pediré  el Ganso de los huevos de oro.  Repartiré huevos a mis vecinos y luego me marcharé.














Horizonte. Este camino me lo conozco de memoria. No me asustan las mareas, ni los saltos que por ratos damos. La lancha aguanta. La gente aguanta. La vida aguanta.















 El llamador.  No necesito los ojos para tocar el tambor. Pongo mis manos en él y sé cómo empezar. Voy reconociendo el espacio, el sonido, los demás instrumentos y entro. Los oídos me bastan.
 







Por: Márquez.

lunes, 27 de agosto de 2012

Perorata rebelde: la segunda y definitiva independencia.


El pasado viernes 24 de agosto llegaron a la ciudad, provenientes de distintas partes del país, más de 1000 jóvenes para darse al encuentro en lo que se conoció como el Cabildo Juvenil – Marcha Patriótica.  Debo decir, de antemano, que mi conocimiento al respecto era casi nulo, no entendía nada al ver tantos pelaos aglomerados en la Plaza de la Paz cantando un rap que casi no se entendía. Pero tal parece, que el movimiento juvenil en el que se enmarcaba el encuentro lleva tiempo trabajando y que se propone construir un país distinto. No obstante, me quedaron dudas al respecto como espectador inmerso en la dinámica de ese primer día de instalación del evento.

Por un lado, la consigna que se pregonaba era eso de lograr la segunda y definitiva independencia; una frase que me dejaba pensado. ¿Acaso luego de esa independencia no habría más deseos de cambio? ¿Acaso los absolutos no van en contra de un movimiento que busca estar más cercano al pueblo? Esa segunda y definitiva independencia no supe cómo entenderla. Tal vez, debe ser que no soy un duro en el tema y por tanto, me es difícil captar esa idea. Sin embargo, me atrevo a decir que la sola frase me resulta conflictiva, peligrosa. Entendiendo que las revoluciones surgen del pueblo, de los sueños del pueblo, de sus deseos de cambio, por eso la frase es, en sí misma, sospechosa. Todo movimiento, social o político, corre el riesgo de perderse en las ambiciones de sus dirigentes y eso es precisamente lo que hace que siempre exista un deseo de cambio.

Por otro lado, todos se hacían llamar jóvenes rebeldes. Recuerdo que ser joven rebelde era ser contestatario o lograr sentar nuestra voz de protesta. Pero ¿en qué consiste la rebeldía de estos jóvenes? Yo los veía a todos haciendo su mejor performance. Mostrándose rebeldes en su mejor versión, pero  me daba la impresión de que no poseían un discurso único de esa palabra que se supone los definía.  Quizás por eso se fueron en detrimento de los bienes de la ciudad. Porque, lo quieran a no, hicieron daños. El coliseo Bernardo Caraballo quedó en muy malas condiciones.


Ahora, sospecho que ocurrió como muchos otros movimientos que anclados al pasado siguen delirando con la figura del Ché y hablando del heroísmo de Bolívar, olvidándose del contexto. Yo escuchaba sus arengas y me preguntaba si ellos sabían que estaban en Colombia y que era 2012. Es claro que Cuba es un referente para todos estos movimientos, pero eso no debe hacerlos perder de vista una gran verdad: toda revolución debe responder a su país y a su historia.  No puede ser de otra manera. De cualquier otra forma, sería repetir la historia de cómo hemos llegado hasta ahora.

Lo preocupante, además, es descubrir que pocos tenían claro lo que hacían en esa Marcha. Eran pocos los que sentía las arengas. Los otros eran solo la masa, que aunque necesaria, sin alguien que la haga entrar en razón, causa daños como los que dejaron en la ciudad. Para más de uno de los asistentes era claro que esta era su oportunidad de conocer el mar y sentir el sol en la playa. Y eso no está mal,  y es por eso que debe existir una organización que contemple ese tipo de eventualidades. ¿Cuántos de los asistentes estuvieron en las mesas de diálogo, tomando parte de las propuestas de un "país mejor" y cuántos en las playas? Esa sería una respuesta que me gustaría escuchar.

Yo no suelo juzgar a la gente por su forma de vestir, pues entiendo que el cuerpo también se vuelve en un templo de nuestro discurso y algunos, lo reflejan más que otros. Por eso no entro a discutir nada del aspecto de los asistentes. Pero lo que sí creo, es que nada justifica que hayan dañado escenarios de la ciudad que tanto han costando. Siendo tan pocos, no es justo que vengan de otras partes a dejarlos en mal estado. Además, ¿no va eso en contra de lo que proponen?, ¿qué culpa tienen los deportistas de la ciudad de los conflictos que hayan tenido?, ¿es esa la rebeldía de la que hablan?, ¿eso era lo que la ciudad merecía? Si no era esa su intención, pues dieron la papaya para que los medios tergiversaran su mensaje y en eso, no hay nada que hacer. Porque con hechos tan claros como esos, los jóvenes seguimos quedando como un montón de indeseados que andan buscando ocasión para armar desorden. Que las ideas son solo un argumento efímero para dar lugar a las verdaderas intenciones: acabar con lo que encontremos. ¿Era esto un Cabildo, una Marcha o un ataque?

Ojalá que esta haya sido una experiencia que los haga auto-criticarse, y se den cuenta que el discurso no solo se lleva en la ropa y en el cuerpo, porque si solo lo hacen por creerse de izquierda o comunistas, deben saber no son más que tristes payasos; sin discurso no hay nada. Sin argumentos, no hay nada. Cada uno de los participantes de la Marcha debe tener en su cabeza la finalidad de la misma. Y deben estar en capacidad de discutir dando argumentos y no tomando parte de las formas violentas que son tradicionales en este país. Pero sobre todo, nunca deben perder de vista que existe el peligro de la corrupción de una idea. La idea que los tiene marchando.


Por: Márquez.



martes, 31 de julio de 2012

Lolita: ¿Una historia de amor?



“Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo. Li. Ta. Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.”

Vladimir Nabokov es el autor de una de las novelas más conocidas en el mundo de la literatura universal. Una historia que cuenta la fascinación de un hombre adulto por una niña de escasos 12 años y de lo que eso representó para él. Leerla es viajar por los rincones de la ilusión amorosa de su personaje principal, que en esa niña, ve el renacer de su amor de infancia. Es conocer la locura homicida del amante burlado. Es vivir al lado de Humbert, los afanes de su pasión por las nínfulas. A propósito de su lectura, resulta este texto. 

***
Siempre, cuando de amor se trata, creemos que debemos remitirnos a una forma única de amar: llena de belleza y de formas no hirientes que desborden los corazones.  Sin embargo, el amor es mucho más de lo que podemos calcular. Como imaginario y como construcción social, es más.

Lolita nunca pensó que en aquel hombre despreciable que “arruino su vida” pudiese existir un sentimiento  tal, que aún en el final, lo llevó a querer verla hecha eternidad en las letras de una memoria escrita. Por su parte,  Humbert nunca quiso encarar la realidad de sus actos y lo que ellos producían en esa niña.

Es en este punto, cuando la cuestión del amor se vuelve un laberinto que no podemos descifrar. Porque puede dañar. Porque puede doler. Porque tiene tanta grandeza que nos puede enloquecer. Si Humbert amo a Lolita con tanta tenacidad y de tal forma que la lastimó en lo más profundo, Lolita lo odio tanto como el corazón de una niña podía hacerlo. Y luego, huyó tan lejos como pudo para curar su alma y entonces, poder “dejar todo atrás”.

La dualidad de esta historia sólo permite leerla y entender que cada parte tiene sus motivos y sus verdades, y por lo tanto, los sucesos conllevarían a una suerte de caminos con dirección al abismo. Como un laberinto que aparenta tener la salida y siempre termina donde menos creíamos. Sin mencionar los juegos del azar, que terminaron por encausar las vidas que luchaban por separarse.  Lolita, una niña precoz, coqueta y deseosa de entrar en terrenos que sabía, quizás, eran prohibidos para ella. Humbert, un pederasta, totalmente consciente de ello, que disfrutaba de las lascivas insinuaciones de esa Dolores Haze, que en medio de su infantil jugueteo, lo deleitaba con sus intentos de ser mujer.

Por lo cual, resulta, a mi modo de ver, casi imposible juzgar a uno u otro. Solo resta entrar en la historia y descubrir en medio de la narración que las acciones que se cometen  bajo la nube gris- ante los ojos- del deseo y el placer, pueden resultar altamente peligrosas.

Lolita, insatisfecha de su vida, privada de una niñez normal; tempranamente inducida a las prácticas sexuales, no encuentra otra salida para su profundo rencor y su vacío emocional – incluso existencial – que el deseo por las revistas insulsas, los vestidos y zapatos, las películas, y con cualquier cosa que lograra desconectarla de un mundo que para ella  era una total miseria.

Mientras, Humbert, descubría en aquella niña la locura de la pasión; de un amor que jamás imaginó; de una historia  de la que también resultó herido. Una fantasía que al volverse real, lo llevo a límites que jamás supuso. La prueba de ello, es el llanto de un hombre de su edad, por la impotencia de no poder retener a alguien que creía suya – así lo había imaginado – y que sin que él se diera cuenta, había labrado su camino a la libertad - lejos de él-.

El amor no es cuestión de definiciones atadas a posturas sentimentales y patéticas. En el fondo, es cuestión de fuerzas en contra-posición, en una lucha constante y consciente – a veces inconsciente-  por no dañar, aunque sabemos que puede pasar;  de hacer feliz al otro, aunque entendemos, que quizás, no seamos capaces de hacerlo. El amor, es en todo momento, un constante choque.

Y Humbert encontró el amor – no correspondido- en su nínfula adorada; en la niña dueña de sus sueños; en su Lolita. En la Dolores Haze, que –aún sin quererlo- lo llevo al cielo con cada uno de sus encuentros clandestinos.  Y Lolita, escapó a su vida de desgracia, para hallar en la pobreza – lejos de los vestidos nuevos y de los caprichos-  una calma, una vida, una madurez prematura, tan prematura como fue su vida; así como un renacimiento en el hijo que llevaba en su vientre.  

El autor del texto nos permite dudar acerca de la veracidad de la narración de Humbert, pues, ¿quién nos dice que la historia no es producto de las alucinaciones de un pederasta, que vio en aquella niña la lascivia que quería ver? Y nos deja deseos de saber cómo hubiese contado la historia Lolita. Qué hubiese dicho sobre Humbert, sobre sus encuentros, de esa “violación” como la llamó en una ocasión frente a él.

 Lolita, ¿será acaso una historia de amor? ¿De un amor incorrecto? ¿De amor incomprendido? Muchos aseguran que es una novela erótica, sin embargo, sin ningún tipo de pretensiones me atrevería a decir que es una historia de amor en donde el placer, fue tratado con tal detalle estético que resulta una verdadero deleite leerla.  Una historia que termina por enredarnos tanto que, al final, no sabemos  qué postura tomar. Por un lado, si señalar al pederasta o entender lo que llegó a sentir. Ó por otro lado, creer que aquella Lolita,  merecía ese destino.
***

“Deseo que esta memoria se publique cuando Lolita ya no viva. Ninguno de los dos vivirá, pues, cuando el lector abra este libro. Pero mientras palpite la sangres en mi mano que escribe, tú y yo seremos parte de la bendita materia y aún podré hablarte desde aquí hacía Alaska. Sé fiel a tu Dick. No dejes que otros tipos te toquen. No hables con extraños. Espero que quieras a tu hijo. Espero que sea varón. Que tú marido, así lo espero, te trate siempre bien, porque  de lo contrario mi espectro irá hacia él, como negro humo, como un gigante demente, y le arrancará nervio tras nervio. Y no tengas lástima de C.Q. Había que elegir en entre él y H.H. y era preciso que H.H. viviera al menos un par de meses más, para que tu vivieras después en la mente de generaciones venideras. Pienso en bisontes y ángeles, en el secreto de los pigmeos perdurables, en los sonetos proféticos, en el refugio del arte. Y ésta es la única inmortalidad que tú y yo podemos compartir, Lolita. “


Por: Márquez. 

jueves, 19 de julio de 2012

Entre Somewhere y Madagascar 3: dar la vuelta a la vida.


El cine no es uno de mis fuertes. Eso de las estéticas propias de este arte o de la crítica ácida y concienzuda, no es algo en lo que me especialice. Sin embargo, me gusta dejarme llevar. Entrar en el juego de la película y empezar a descubrir mis propias emociones en cada cuadro. Como si un espejo estuviese frente a mí, trato de hallar en medio de la narración mi vínculo con la historia. 

En ese proceso, llegó Somewhere. Un film de Sofía Coppola que cuenta la historia de Johnny Marco (Stephen Dorff), quien es un actor famoso de Hollywood que vive una vida sin sentido en la que la rutina lo tiene atrapado. Con su gran fortuna se pasa la noche en bares y alquilando prostitutas. Y en medio de todo ese exceso, es presa de sí mismo. Entonces, llega su hija Cleo (Elle Fanning), con sus once años y la vida del actor tendrá otro color. Así, al cabo de dos semanas de estar juntos la niña tiene que irse a un campamento y se separan, sintiendo que nunca antes habían estadio tan cercanos, lo que para Johnny representa volver a su vida como venía antes. Pero le resulta imposible.


Por otro lado, está Madagascar 3: los fugitivos, una película animada y muy divertida de esas que  suponen solo ven los niños. Pero que  a mí en particular me gustan mucho. En esta ocasión, la historia de  Alex el león, Marty la cebra, Melman la jirafa y Gloria la hipopótamo gira en torno a su deseo de volver al zoológico del que escaparon en la primera entrega de esta saga. En compañía de un circo ambulante recorren algunas ciudades de Europa, huyendo de  Madame Chantel Dubois, una experta funcionaria en control de animales que se obsesiona con la cabeza del león como trofeo para ponerla en su pared junto con las otras cabezas de animales que posee. Pero justo en medio de ese viaje, también vamos conociendo la historia de los animales que viven en el circo y al final, las cosas que deseaban los fugitivos del zoológico de New York parecen no estar donde ellos creían.

En este punto, viene mi reflexión sobre el asunto. Para Jhonny su vida iba bien – o al menos eso pensaba él – hasta que su hija rompe con la normalidad de las cosas. En ese momento, todo empieza a cobrar otro sentido y existe, para él, un motivo para ver más allá de la burbuja en la que se hallaba. Por eso al final, termina en el mismo lugar dónde comenzó la película pero decididamente deja su auto lujoso atrás para seguir el camino a pie mientras una sonrisa iba ocupando su rostro. Quizás había entendido que en algún lugar había alguien que esperaba verlo nuevamente, que quizás Cleo merecía más tiempo del que le había estado dando.

Y para los animales del zoológico, al llegar a la entrada del mismo, les embargó una duda acerca de su lugar en el mundo. Habían deseado volver tantas veces, que al estar frente al zoológico no se reconocieron en él. Quizás habían estado huyendo de la vida por preferir la comodidad que ya conocían, pero una vez se atrevieron a vivir una aventura no pudieron volver a imaginarse dentro de aquellas jaulas.

Así, como un retrato de lo que nos ocurre con frecuencia, vivimos una vida vacía llena de frivolidades o nos aferramos a la seguridad que tenemos  hasta que un suceso nos llama a ver el otro lado de las cosas. Entonces, damos una vuelta a nuestras vidas y empezamos a encontrar el rumbo.

Por eso los animales se quedan con el circo y continúan una vida de espectáculos en la que sentía que podían  ser libres y además, ser estrellas. Alex, el león, entiende que en el zoológico la única estrella es él. Que los demás son solo los otros, pero en el circo todos son parte del mismo espectáculo. Hallaron, entonces, lo que tanto habían buscado: su lugar.

Igual ocurrió con Jhonny, que cansado de vivir en un lujoso hotel se va de este y señala que pronto les anunciaran su dirección para que le envíen todas sus cosas. Además, se cansa de vivir con la paranoia de ser perseguido y de recibir mensajes insultantes en su celular. Se cansa de dar vueltas en su auto en el mismo sitio siempre y de que su vida también girara sin llegar a ninguna parte. Se cansa de no pertenecer a ningún lugar.

Me pregunto entonces ¿a dónde pertenecemos? ¿Somos parte de lo que creemos serlo? ¿Estaremos dando vueltas en el mismo lugar? O, ¿estamos huyendo de la aventura que nos espera? Puede que ya nos haya llegado el momento de dar la vuelta a nuestras vidas.



Por: Márquez.


viernes, 22 de junio de 2012

Rompecabezas.


"- ¿Qué hace ud todo el día? - 
  - Me soporto- " E.M.Cioran. 





En efecto somos eso, nada. La sospecha de una futura muerte. ¿Futura?, no lo sabemos con exactitud.  Somos una manzana mordida lentamente por dientes débiles que temen romperse, una uva que se traga entera el 31 de diciembre como agüero para la buena suerte, un puñado de lentejas en los bolsillos. Ajo machacado en agua con sal, para los parásitos; el coco suficiente para el arroz. Somos, en parte, el rostro que aún conserva la foto que cuelga en la sala. El beso que le damos a mamá al despedirnos.  ¿Y qué más da? Si el tiempo, por más que intentemos atraparlo, se escapa a nuestro dominio. Se vuelve como el aire que se siente y hace estragos, pero se nos va por entre los dedos. Somos, en efecto, la suma de todas nuestras dudas. El perdón que nunca dimos y el olvido que no nos llegó. Esa mirada que nunca nos  dieron, el pedazo de corazón que nos robaron, la muela que nos sacaron y una canción de rock inolvidable en la cabeza.


Por: Márquez. 

miércoles, 6 de junio de 2012

Los zapatos rojos de Dorothy.


Los veinte son una edad complicada en la que todos esperan que empieces a madurar y tú sigues teniendo esos impulsos por hacer  todo lo contrario a lo que te dicen los mayores. Es el momento en el que quieren desprenderte de las faldas de mamá, pero sin dar fin a su constante supervisión. Además, con la llegada de los veinte, el conteo de los años cobra otro sentido. Todos te  empiezan a decir: ya casi tiene treinta. ¡Dejen vivir las etapas!

Para entonces, llevas varios años lejos de la escuela y cuando te reencuentras con los amigos  son largas horas recordando momentos pasados y poniéndose al día sobre la vida del resto del grupo. Reconoces en esas conversaciones, los mismos deseos de volver el tiempo  atrás por unas horas. Imaginar el mundo como en aquel entonces lo veían, para poder contemplar una vez más el salón de clases en pleno. Dejar atrás lo que en ese momento te agobia y pensar en los ejercicios sobre Identidades Trigonométricas.

Con los veinte, llega la nostalgia de los años anteriores. Con la adultez a la vuelta de la esquina, deseas correr a recuperar la adolescencia. Pero las baldosas amarillas ya no conducen a Oz. El león, el espanta pájaros y el hombre de hojalata se han marchado para convivir con sus penas en un lugar más seguro. No existe bruja que atemorice al pueblo, ni mucho menos hadas que concedan deseos ni castillos. Sólo queda eso que te rodea: una cuidad gris y sin magia. Ya los cuentos no tienen el mismo efecto, ante la constante perorata de los adultos diciéndote que debes aprovechar tu vida, y que ese camino que has elegido no era el indicado.


Abres el álbum de fotos y  ves a todos tus amigos sonrientes. Tienen las sonrisas propias de los 17, sin tantos contratiempos y con la vida en aceleración constante. Recuerdas que armaban el futuro en las hojas de atrás de los cuadernos y que cambiaban de sueños, con cada nueva historia que se inventaban. Ahora, viajas en el bus, imaginando que un torbellino te lleva de regreso a esa tierra irreal en la que se te era permitido pensar, soñar, tener esperanzas.  Pero la realidad es otra, sigues inmóvil, allí, en el bus con más o menos 39 personas más, que quizás también sueñan con escapar de alguna forma, - quizás la misma -.

Sólo te queda, entonces, añorar los zapatos rojos de Dorothy, para dar tres golpes con ellos y poder desaparecer rumbo a casa.  Y es que ese lugar al que llaman hogar, es mucho más que cemento y varilla – cuando no, tablas y clavo-. Tu casa siempre será, dónde dejaste enterrado el corazón. Ese lugar con el que sueñas cuando deseas un poco de paz; en el que armaste mundos imposibles que te hacían creer en el futuro. Antes, mucho antes, de que te empezaran a moldear las alas. Deseas volver el tiempo, a esos años en los que lo más terrible era comprender tu propio desarrollo hormonal. Y no ahora, cuando quieren que te gradúes para que trabajes, y al ver tu desempleo te piden que estudies algo y luego, que nuevamente te gradúes y trabajes.

Los veinte se vuelven, si así lo queremos ver, en la excusa perfecta para perseguir sueños. Para escapar de esta Kansas amurallada que poco a poco pierde su magia. Para seguir nuestro propio camino a algún destino desconocido y luego, cuando queramos descansar, si tenemos los zapatos de Dorothy, dar tres golpes y regresar a casa.

Y es que esta edad, maldita edad, nos condena a estar alejados de la irracionalidad de la adolescencia y de la madurez aparente de los adultos. Nos vuelve islas en medio de un océano de críticas absurdas y sin sentido que buscan orillarte. Te das golpes contra paredes enteras y continúas. Te equivocas y te deprimes, pero vuelves a intentarlo. Crees en el amor aunque duela. Luego, ya no creerás tanto. Tener veinte o veinte tantos… es como haber subido hasta el último piso del rascacielos – en la adolescencia- y ahora, tener ganas de tirarte. ¡Lanzarnos es el mejor riego, cuando los lazos de los demás intentan atarnos!


El vídeo para esto es: PhotoGraph


Por: Márquez.


viernes, 18 de mayo de 2012

Apuntes sobre la Homofobia.



El jueves de esta semana (17 de Mayo) se llevó a cabo una manifestación en contra de la “homofobia” en Cartagena, aprovechando la fecha que han acordado para conmemorar esta lucha. Los jóvenes de distintos colectivos se dieron al encuentro para marchar con rostros pintados y ataúdes de cartón en memoria de aquellos que han fallecido por culpa de un odio y rechazo irracional por personas que presentan gustos distintos a los que se supone deberían ser los normales. En el marco de este evento, y a partir de otros hechos, se me ocurre este texto.

Recuerdo que mi primita de sólo seis años llegó un día del colegio y me dijo que los niños se sentaban de una manera y las niñas de otra. Me mostró claramente cuál era la diferencia, porque así se lo había enseñado la maestra. Imagino que la profesora quería simplemente educarla; mostrarle cómo se es niña y cómo se es niño, de la misma manera como ella lo aprendió. Y es que la educación lejos de ser un vehículo de cambio, es, hoy por hoy, una forma de perpetuar formas de exclusión y dominación en la sociedad.

Iba un día en un buseta y un niño al oír hablar a un amigo se rio y le dijo a la mamá que ese era un marica, la mamá sonrojada no supo cómo reaccionar y sólo lo mandó a callar. La pregunta surge cuando uno se da cuenta cómo desde pequeño ya sabe qué es ser un marica y qué es no serlo. Pero sobre todo, saber que si lo eres es motivo de burla. Ahora bien, ¿será que esa madre es consciente de que parte de la responsabilidad frente a la forma cómo el niño entiende el mundo es de ella y de la familia en general?

Desde pequeños nos están indicando qué debemos ser. Hacia dónde debemos dirigir nuestros gustos y con qué debemos jugar. Nos han vendido la eterna idea de una heterosexualidad hegemónica que se impone y es natural. Nos han vendido una moral sobre el comportamiento que conlleva a rechazar al otro como distinto sin juzgar si realmente lo es.

Recuerdo que leyendo a Marta Lamas comprendí un poco más a fondo todo este asunto. La autora propone que la sexualidad debe vivirse sin tantas tensiones y que debemos dejar de asumir que existen verdades absolutas. Recuerdo que, retomando a Freud, propone un sujeto escindido en tres dimensiones: una social, una biológica y una psíquica, que no es fácil comprender. Y es que Lamas dice que existe una preocupación alrededor de la incapacidad que tienes las distintas anatomías de los cuerpos masculinos y femeninos para justificar las diferencias establecidas para hombres y mujeres. Sin mencionar, que si dejamos la discusión en el plano de lo físico estaríamos descuidando una parte importante como lo son los procesos psíquicos que se llevan a cabo en el inconsciente y que determinan de igual forma nuestra identidad.



Todo esto, debido a la duda creciente frente a la aceptación o no de la represión y la estigmatización de esas personas que no encajan en lo que es “ser” una mujer y un hombre. Más aun, cuando se entra a analizar el vínculo entre cuerpo e identidad que deja en evidencia cómo la discriminación sustentada en el sexo desconoce el establecimiento cultural de la identidad de género y la estructuración psíquica de la orientación sexual.

Y es que si analizamos bien, el género no es más que una construcción social. Una forma de ubicarnos y clasificarnos, dándoles a la mujer y el hombre normas de conductas propias de cada uno. Por tanto, la mujer es débil y el hombre es fuerte. De esta manera, la lógica del género le asigna roles cada quien y es por ello que surgen movimientos como el feminismo para declarar que la mujer no nace, sino que se hace. Una crítica contundente a la sociedad misógina que las mantenía ancladas al hogar y a labores puramente domesticas tenidas como seres de segundo orden.

Marta Lamas señala que el pretexto de la complementariedad de los sexos, es sólo una postura propuesta desde la reproducción, lo cual, niega el ámbito Psíquico que hay detrás de el posicionamiento del deseo. En tanto, la lógica de género, como lógica de poder y dominación pierde valides ante las distintas practicas no ortodoxas del uso del cuerpo y del establecimiento de relaciones entre sujetos, que no encajan totalmente la construcción de lo que es “masculino” y femenino”, y que es determinado de forma indiferenciado por la libido.

Volviendo al caso del niño del bus y de mi primita, podemos ver que basándose en sus características biológicas la sociedad ya empieza a otorgarles roles y comportamientos, y por ende, empiezan a generar en ellos la cultura del rechazo. Recuerdo esa teoría que proponía al hombre como un perchero al que iban cargando de cosas y cuesta, realmente, despojarse de todos esos elementos que la sociedad una y otra vez te va colgando para entender que no es cuestión de tolerancia ni aceptación, es simplemente reconocimiento, respeto y amor por el otro.

Lo cierto, es que mi primita, como mujer, está destinada por esta sociedad a buscar un hombre que la ayude a completarse, a ser una mujer total con la procreación. Y aquel niño, será llamado a ser el jefe del hogar; a ser fuerte y decidido. Por ello, si no se hace algo al respecto, crecerán con el miedo a lo diferente. Y es que ese miedo se engendra porque desde que nacemos nos indican esa regla general que nos mide y nos dice hacía dónde ir: cualquier desviación está mal. Porque entre otras cosas, aceptar al diferente haría tambalear la estabilidad hallada en el grupo al cual pertenece cada individuo. Por tanto, el temor a reconocerse en el otro como una persona valida en igualdad de condiciones lleva a cuestionar la propia ubicación en la sociedad: no se puede ser igual a quién está desviado o invertido. ¡Error fatal!

Preocupa toda esta situación. Profesores cargados de sus propios prejuicios que transmiten a sus alumnos. Un estado mojigato que sigue mirando a la iglesia a la hora de tomar una decisión frente a este tipo de temas. Una policía cargada de estigmas y rechazo. Una iglesia retrograda que sigue lanzando agua bendita contra el demonio y sus muchas formas. ¿Qué queda por hacer? Sobre todo, cuando uno entiende que incluso al interior de la población LGBTI existe una discriminación, ya no por la orientación, pero si por la diferencia una vez más. Y es que en el fondo todo responde a lo mismo – como una vez me lo hicieron ver- al machismo.  Lo importante, dado el caso, no es ser macho… es parecer lo más posible. Y es que en una sociedad como la nuestra ser masculino es todo un privilegio, aun dentro de las misma población LGBTI.


De esta manera, con esa sexualidad en constante tensión lo que proponen los teóricos es subvertir las lógicas del género y des-naturalizar los cuerpos. Apuntar a una de-construcción del género y combatir dos formas violentas que son el resultado de la lógica de género inmersa en el orden social: Sexismo y Homofobia. Siendo la ultima, la de mayor preocupación por seguir siendo consentida, incluso, por quienes se enmarcan en la homosexualidad como su opción a la hora de intimar en la sexualidad.


Por mi parte, yo seguiré creyendo que la libertad que se nos promete en nuestra constitución debería ser respetada del todo. Que en este baile cada quién tiene la libertad de bailar al son que más le suene. Y nadie tiene porque entrar a mediar comportamientos ni recetar remedios ni curas. Por ahora, le diré a mi primita que se siente como se sienta cómoda. Para así, al menos, poder creer que ella si vivirá relaciones de amor y amistad libres de cualquier tensión. Libres de la censura y tendiente a la libertad.

Sobre la marcha diré, que fue una experiencia interesante. Siempre es bueno poner a la gente a reflexionar desde el punto más trágico y cruel de nuestra existencia: la muerte. Decirles, que esas personas ya murieron por odios innecesarios pero que podrían ser luego, sus hijos, sus sobrinos, sus primos, sus hermanos, sus amigos. La marcha se vuelve un contraste de miradas expectantes, marchantes tímidos y gente especulando.  



Por: Márquez.