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miércoles, 5 de agosto de 2015

La tierra y la sombra o el retrato sobre la pared



En casa de mi abuela hay unretrato. En él, aparecen mi mamá y mis dos tíos cuando eran niños. El mayor de los  tres está  a la izquierda sosteniendo al bebé que es mi tío el menor quien aparece sentado en un taburete de esos que forraban con cuero de vaca, y  a la derecha se ve la niña que era mi mamá, tapándose la boca. Aquel retrato cuelga en la pared, como señal de un pasado caprichoso que se encierra en aquel rectángulo, en los ojos de aquellos niños, para recordarnos con nostalgia que el tiempo siempre sigue su curso. Como en la Tierra y la Sombra, película colombiana ganadora de la Cámara de Oro a la mejor ópera prima en el festival de Cannes, en la que el tiempo sigue su curso dejando un halo de nostalgia y abandono a su paso.  

En la primera escena vemos el regreso de un hombre (Haimer Leal) que, tras años de haber abandonado su casa, vuelve para cuidar a su hijo enfermo (Edison Raigosa) mientras su mujer (Hilda Ruiz) y la esposa de su hijo (Marleyda Soto)  tienen que trabajar como cortadoras de caña. Llega a la casa para ser recibido por su nieto (José Felipe Cárdenas), un niño que lo primero que hace es preguntarle si él es su abuelo. Aquel cuadro, en el que el niño y el hombre se encuentran en la puerta, podría ser un retrato, una señal del encuentro de dos tiempos: el pasado representado en el hombre que regresa y el presente, encarnado en la inocencia de un niño que vive rodeado de adultos. Pero al mismo tiempo, ese encuentro en una apuesta por un cambio hacia el futuro. 

viernes, 24 de octubre de 2014

Llewin Devis tiene el gato


Sales a la calle y sientes el aire denso del día. Los bolsillos ligeros. El dinero es una ilusión más en tu vida. Este camino de la libertad y los sueños que se persiguen, a veces, suele ser así, lleno de curvas violentas que terminan por llevarte al único rincón que te pertenece: tú mismo. Y recorres las calles intentando hallar esas opciones- como pedazos de maná- que te manden de una, catapultado, a una suerte de éxito más o menos estable.

Entonces piensas en el éxito. Ese lugar extraño al que pocos llegan. Éxito como una suerte de paraíso prohibido al que solo acceden algunos con credencial especial. Los que realmente lo lucharon, los que lo merecen. ¿Y tú? Tú solo tienes los bolsillos vacíos. Esos papelitos en la cartera en los  que anotas direcciones, números de teléfono de contactos, fechas importantes que luego nada, quedan ahí, doblados, desgastados por el tiempo, gritándote que tu vida podría rearmarse  a partir de cualquiera de ellos y aún así seguiría estando incompleta.


sábado, 13 de septiembre de 2014

Un ángel se viste frente al espejo


Rayon se mira al espejo. Ve su imagen: ojos profundos, el sarcoma de Kaposi en su frente, su rostro demacrado. Rayon sabe que el virus está ahí, que lentamente ha ido acabando con ella, pero insiste en verse hermosa aun en la muerte. Por eso se prueba el vestido rosa, imaginando, quizás, cómo sería todo si no tuviese que morir pronto. Esa es posiblemente la metáfora más profunda sobre lo que significa vivir al margen: contemplar la imagen que has construido al borde de un precipicio.  

Rayon es una mujer trans que asume la feminidad desde el performance. Ella debe adoptar las estéticas de las mujeres de aquella época para lograr ser una.  El vestuario, las pelucas, los accesorios. Cada elemento conjugado para lograr el objetivo: ser una mujer. Sueña con intervenir su cuerpo, con dejar de ser solo una vestimenta. ¿Cuánto valdría una cirugía estética en ese momento? Quiere llevar tetas.


jueves, 19 de julio de 2012

Entre Somewhere y Madagascar 3: dar la vuelta a la vida.


El cine no es uno de mis fuertes. Eso de las estéticas propias de este arte o de la crítica ácida y concienzuda, no es algo en lo que me especialice. Sin embargo, me gusta dejarme llevar. Entrar en el juego de la película y empezar a descubrir mis propias emociones en cada cuadro. Como si un espejo estuviese frente a mí, trato de hallar en medio de la narración mi vínculo con la historia. 

En ese proceso, llegó Somewhere. Un film de Sofía Coppola que cuenta la historia de Johnny Marco (Stephen Dorff), quien es un actor famoso de Hollywood que vive una vida sin sentido en la que la rutina lo tiene atrapado. Con su gran fortuna se pasa la noche en bares y alquilando prostitutas. Y en medio de todo ese exceso, es presa de sí mismo. Entonces, llega su hija Cleo (Elle Fanning), con sus once años y la vida del actor tendrá otro color. Así, al cabo de dos semanas de estar juntos la niña tiene que irse a un campamento y se separan, sintiendo que nunca antes habían estadio tan cercanos, lo que para Johnny representa volver a su vida como venía antes. Pero le resulta imposible.


Por otro lado, está Madagascar 3: los fugitivos, una película animada y muy divertida de esas que  suponen solo ven los niños. Pero que  a mí en particular me gustan mucho. En esta ocasión, la historia de  Alex el león, Marty la cebra, Melman la jirafa y Gloria la hipopótamo gira en torno a su deseo de volver al zoológico del que escaparon en la primera entrega de esta saga. En compañía de un circo ambulante recorren algunas ciudades de Europa, huyendo de  Madame Chantel Dubois, una experta funcionaria en control de animales que se obsesiona con la cabeza del león como trofeo para ponerla en su pared junto con las otras cabezas de animales que posee. Pero justo en medio de ese viaje, también vamos conociendo la historia de los animales que viven en el circo y al final, las cosas que deseaban los fugitivos del zoológico de New York parecen no estar donde ellos creían.

En este punto, viene mi reflexión sobre el asunto. Para Jhonny su vida iba bien – o al menos eso pensaba él – hasta que su hija rompe con la normalidad de las cosas. En ese momento, todo empieza a cobrar otro sentido y existe, para él, un motivo para ver más allá de la burbuja en la que se hallaba. Por eso al final, termina en el mismo lugar dónde comenzó la película pero decididamente deja su auto lujoso atrás para seguir el camino a pie mientras una sonrisa iba ocupando su rostro. Quizás había entendido que en algún lugar había alguien que esperaba verlo nuevamente, que quizás Cleo merecía más tiempo del que le había estado dando.

Y para los animales del zoológico, al llegar a la entrada del mismo, les embargó una duda acerca de su lugar en el mundo. Habían deseado volver tantas veces, que al estar frente al zoológico no se reconocieron en él. Quizás habían estado huyendo de la vida por preferir la comodidad que ya conocían, pero una vez se atrevieron a vivir una aventura no pudieron volver a imaginarse dentro de aquellas jaulas.

Así, como un retrato de lo que nos ocurre con frecuencia, vivimos una vida vacía llena de frivolidades o nos aferramos a la seguridad que tenemos  hasta que un suceso nos llama a ver el otro lado de las cosas. Entonces, damos una vuelta a nuestras vidas y empezamos a encontrar el rumbo.

Por eso los animales se quedan con el circo y continúan una vida de espectáculos en la que sentía que podían  ser libres y además, ser estrellas. Alex, el león, entiende que en el zoológico la única estrella es él. Que los demás son solo los otros, pero en el circo todos son parte del mismo espectáculo. Hallaron, entonces, lo que tanto habían buscado: su lugar.

Igual ocurrió con Jhonny, que cansado de vivir en un lujoso hotel se va de este y señala que pronto les anunciaran su dirección para que le envíen todas sus cosas. Además, se cansa de vivir con la paranoia de ser perseguido y de recibir mensajes insultantes en su celular. Se cansa de dar vueltas en su auto en el mismo sitio siempre y de que su vida también girara sin llegar a ninguna parte. Se cansa de no pertenecer a ningún lugar.

Me pregunto entonces ¿a dónde pertenecemos? ¿Somos parte de lo que creemos serlo? ¿Estaremos dando vueltas en el mismo lugar? O, ¿estamos huyendo de la aventura que nos espera? Puede que ya nos haya llegado el momento de dar la vuelta a nuestras vidas.



Por: Márquez.