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viernes, 24 de octubre de 2014

Llewin Devis tiene el gato


Sales a la calle y sientes el aire denso del día. Los bolsillos ligeros. El dinero es una ilusión más en tu vida. Este camino de la libertad y los sueños que se persiguen, a veces, suele ser así, lleno de curvas violentas que terminan por llevarte al único rincón que te pertenece: tú mismo. Y recorres las calles intentando hallar esas opciones- como pedazos de maná- que te manden de una, catapultado, a una suerte de éxito más o menos estable.

Entonces piensas en el éxito. Ese lugar extraño al que pocos llegan. Éxito como una suerte de paraíso prohibido al que solo acceden algunos con credencial especial. Los que realmente lo lucharon, los que lo merecen. ¿Y tú? Tú solo tienes los bolsillos vacíos. Esos papelitos en la cartera en los  que anotas direcciones, números de teléfono de contactos, fechas importantes que luego nada, quedan ahí, doblados, desgastados por el tiempo, gritándote que tu vida podría rearmarse  a partir de cualquiera de ellos y aún así seguiría estando incompleta.


viernes, 10 de octubre de 2014

Cotidiano


>> Una moneda


 ─Joven, regáleme una monedita─dijo el hombre en la calle.

Lo miré de reojo, como se mira a quien se tiene desconfianza. Calculé su posible edad, pero se me esfumó la idea como un cigarrillo que se consumen con ansiedad. No me percaté de la mujer que iba a mi lado hasta que dijo:

 ─¿Cien pesos? No vayas a trabajar.

Reí al instante, de una forma mecánica y ella continuó con su lección de superación.

sábado, 13 de septiembre de 2014

Un ángel se viste frente al espejo


Rayon se mira al espejo. Ve su imagen: ojos profundos, el sarcoma de Kaposi en su frente, su rostro demacrado. Rayon sabe que el virus está ahí, que lentamente ha ido acabando con ella, pero insiste en verse hermosa aun en la muerte. Por eso se prueba el vestido rosa, imaginando, quizás, cómo sería todo si no tuviese que morir pronto. Esa es posiblemente la metáfora más profunda sobre lo que significa vivir al margen: contemplar la imagen que has construido al borde de un precipicio.  

Rayon es una mujer trans que asume la feminidad desde el performance. Ella debe adoptar las estéticas de las mujeres de aquella época para lograr ser una.  El vestuario, las pelucas, los accesorios. Cada elemento conjugado para lograr el objetivo: ser una mujer. Sueña con intervenir su cuerpo, con dejar de ser solo una vestimenta. ¿Cuánto valdría una cirugía estética en ese momento? Quiere llevar tetas.


lunes, 18 de agosto de 2014

Polaroid: Mandela tiene otras formas


Por las calles, los fines de semana, escuchas el picó estallando. La música anda por los rincones y la gente es como un montón de hormigas de colores que huelen a alcohol. Las calles se vuelven espacios de convergencia de un mundo alterno que, durante la semana, anda por los bordes. Es una euforia colectiva que nos toca a todos.  En el billar se reúnen.  Van llegando y armando grupos, van apostando. Las victorias se miden en plata y en cervezas. Como si el dinero fuera una necesidad pasajera y el alcohol un regalo de los dioses, cualesquiera que estos sean.

Todo termina en la esquina. El cruce necesario para llegar a la carretera principal. Una ruta de tierra amarrilla que se desmorona por los costados. Una línea recta con baches en el trayecto, que va surcando el espacio y descubriendo las entrañas de un barrio que se vive en los límites. Justo allí, en esa esquina,  estaba la vaca que nos miraba con su cara torcida. El pintor había fallado en su perspectiva, logrando crear un efecto extraño. La vaca tenía los ojos mirando hacia el frente y el hocico a la izquierda. Si la mirabas fijamente, algo en ella no te cuadraba. Te daba la impresión de no estar tan bien hecha. El artista callejero del barrio, en un ataque de creatividad, intentó innovar. El resultado fue aquella figura deforme que miraba a todos los que se paraban en la esquina. 


miércoles, 16 de julio de 2014

Siempre nos quedará la televisión… y Facebook


Esta generación en la que yo crecí, por muy intelectuales que nos propongamos, por muy entendidos, tuvo un comienzo común: la televisión. Sin asomo de vergüenza lo digo, empecé con ella. Esa caja mágica en la que podíamos conocer otras formas de ser felices.  Primero girábamos un botón e íbamos sintonizando algún canal captado por la antena de aire.  Y luego, quedábamos fascinados. Yo fui de esos que tuvo un televisor análogo, que mi mamá puso en el multimuebles de la sala y que se volvía el centro de nuestra atención por las noches. Pero a decir verdad no recuerdo mayor cosa de aquella época.  Sin embargo, haciendo un esfuerzo empezaré a reconstruir algunas aristas de aquellos días de televisión. Empecemos por el Coyote y el Correcaminos con sus agujeros marca ACME. Mañanas de sábado con esos dos en su insistente relación de amor y odio. Luego, aquel especial de cine, una suerte de tributo a Steven Spielberg, en el que mis hermanos y yo nos vimos E.T. y Tiburón. Cabe resaltar que mi mamá siguió llorando, desde entonces, cada vez que veía E.T. Hubo otro momento, un especial de cine de terror en el que, todos juntos, con las puertas cerradas, nos vimos El resplandor, It y no recuerdo las otras.  Sí, todo eso en la televisión. No había otra forma para nosotros abrirnos al mundo. Luego de esas películas de terror, teníamos miedo a caminar por los pasillos de la casa cuando todo estaba oscuro. ¿Y si nos salía el Payaso?