Esta generación en la que yo crecí, por muy intelectuales que nos propongamos, por muy entendidos, tuvo un comienzo común: la televisión. Sin asomo de vergüenza lo digo, empecé con ella. Esa caja mágica en la que podíamos conocer otras formas de ser felices. Primero girábamos un botón e íbamos sintonizando algún canal captado por la antena de aire. Y luego, quedábamos fascinados. Yo fui de esos que tuvo un televisor análogo, que mi mamá puso en el multimuebles de la sala y que se volvía el centro de nuestra atención por las noches. Pero a decir verdad no recuerdo mayor cosa de aquella época. Sin embargo, haciendo un esfuerzo empezaré a reconstruir algunas aristas de aquellos días de televisión. Empecemos por el Coyote y el Correcaminos con sus agujeros marca ACME. Mañanas de sábado con esos dos en su insistente relación de amor y odio. Luego, aquel especial de cine, una suerte de tributo a Steven Spielberg, en el que mis hermanos y yo nos vimos E.T. y Tiburón. Cabe resaltar que mi mamá siguió llorando, desde entonces, cada vez que veía E.T. Hubo otro momento, un especial de cine de terror en el que, todos juntos, con las puertas cerradas, nos vimos El resplandor, It y no recuerdo las otras. Sí, todo eso en la televisión. No había otra forma para nosotros abrirnos al mundo. Luego de esas películas de terror, teníamos miedo a caminar por los pasillos de la casa cuando todo estaba oscuro. ¿Y si nos salía el Payaso?
miércoles, 16 de julio de 2014
lunes, 16 de junio de 2014
¿A dónde fue Peter Pan?
El escenario aparece. Wendy
empieza a leer un cuento de piratas a
los niños. Estoy esperando para abordar al avión. Hay una sensación extraña en el estómago,
quizás sea ansiedad, o simplemente hambre. Todas las luces son blancas. Wendy
lee con dedicación y los niños imaginan que son ellos los personajes de ese
cuento. Tres camas y un perro a los pies
de los niños. Subo con cuidado para no evidenciar mi inexperiencia. Busco la
silla y me acomodo. El avión despega y empiezo a ver el mar como quien admira
un cuadro impresionista. La luz sobre las formas.
Ahora los niños duermen. Todo
está en calma. Una señora a la derecha insiste en comentar la obra. Peter pan
llega volando. Las nubes son ficciones gaseosas, el avión las atraviesa y yo
imagino que un castillo se eleva desde un cúmulo a lo lejos. Ahora debo estar de cabeza, pienso. De cabeza
como le pasa a algunos personajes en las películas. Peter vuela, recorre el
espacio y aterriza cerca de los niños, camina con cuidado y una luz verde hace
un ruido de campana.
domingo, 4 de mayo de 2014
Inventario marginal.
Pensaba en algo moderno, en las
formas de conocer el mundo. Pensaba en tantas invenciones. Me preguntaba si lo
que determinaba nuestro estado de modernidad era el artilugio de sentirnos a la
vanguardia tecnológica o si por el contrario, esos mismos artefactos nos llevaron
a un estado mayor. El asunto se volvió tedioso, y busqué expresar mis ideas con
imágenes. Corriendo el riesgo, claro está, de ser aún menos claro.
Ahora, la cuestión es de narraciones.
Narrar desde lo moderno o más allá. En últimas entender eso nos ayuda a
narrar-nos. Entonces salí en busca de artefactos que activaran la conciencia.
Quizás todo consiste en una ilusión, cuestión de perspectivas y de teorías que
llenan la cabeza de un montón de ideas acerca de la modernidad y etc. O de formas
complacientes que nos llevan a asumirnos a la altura de un mundo que puede no
andar a nuestro ritmo o viceversa.
A cielo abierto.
Conversaciones entre una lámpara de calle y unos cables de
alta tensión.
domingo, 6 de abril de 2014
El ciclo.
Leí el post de un contemporáneo. El daba su opinión sobre el ciclo vicioso de “no
tener trabajo por no tener experiencia y viceversa”, y señala que, esa frase,
puede esconder el perfil de alguien que no se proyectó durando su estadía en la
universidad. Y bueno, lo leí con detenimiento intentando ubicarme en algún
lugar, digamos, en una postura que me diera luces sobre cómo fue mi proceso.
Entiendo y comparto algunas de sus reflexiones, pero sentí que debía decir
algo.
Entrar a la Universidad para
muchas personas no es sencillo. De hecho, entrar, ya implica un reto. Ahora,
una vez dentro empieza el camino y es cierto, muchos no se preocupan por
destacarse ni por obtener cierta experiencia dentro, pero creo, que en
ocasiones las Universidades no tienen esas oportunidades para todos.
sábado, 15 de marzo de 2014
BIACI: un acercamiento personal a las obras
Una de las nuevas apuestas por generar espacios que permitan
las expresiones de arte en el país es la Bienal Internacional de Arte
Contemporáneo de Cartagena de Indias, un evento que ha dejado una buena impresión
entre los críticos y que ha traído un conjunto de obras que atraen a la gente,
que en mi concepto, es lo más importante. Porque, qué sentido tendría un evento
como este, si solo estuviese pensado para los expertos en arte y en el que la
gente no tuviese posibilidades de interactuar con las obras dentro de unos
parámetros establecidos. Cartagena se abre en esta ocasión a un evento que
llego para quedarse.
Ahora, viendo toda la invasión naranja en la ciudad, me
decidí a recorrer algunos puntos del
BIACI y quise compartir mis sensaciones frente a las obras que acompañan esta
primera versión de la Bienal.
1.
Lugar Común (Ruby Rubié – Colombia
; Justine Graham – Francia/USA.).
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