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martes, 14 de febrero de 2012

Del inconveniente de no estar dormido.

Son La 12.06 de la A.M, al menos, eso dice el reloj. En el televisor pasan “El Pianista” sin subtítulos y en su idioma original. Mi abuela en la cocina acomoda platos con una sinfonía conocida: el tin tin que se produce cuando un plato choca contra otro. Me pregunto qué hago viendo una película que ya vi y que ahora no entiendo. Veo al protagonista conviviendo con la soledad y con el miedo. Quizás es sólo coincidencia que muchos de los que me rodean, vivan en la misma situación.

Recuerdo una frase de E.M. Cioran en “Del inconveniente de haber nacido”: “No hago nada, es cierto. Pero veo pasar las horas – lo cual vale más que tratar de llenarlas.” El libro reposa sobre mi cama, mientras el protagonista de la película toca la puerta de no sé quién pues no entiendo lo que dicen. Cambio de canal. Paso de uno a otro sin prestar mucha atención. Si de elegir se trata, siempre tomo extrañas decisiones. El boxeo me resulta un deporte en extremo rudo. Eso es lo que veo en el televisor. Pero lo cierto, es que no hay nada que más nos identifique como un deporte pobre que ha sido desplazado y que es el refugio y la esperanza de los pobres que lo practican. Cambio de canal.
La imagen de la portada del libro de Cioran, me mira con insistencia. Se ve algo meditabundo el tipo. Como quien se preocupa por el futuro, cuando el futuro quizás no exista. El ventilador gira sin interrupciones, mientras Sandra Bullock se despide de Ben Affleck.  La película lleva por título “Fuerzas de la Naturaleza”. Descubro en ese instante,  la carta que mi primita me escribió. La leo con detenimiento. Es un corazón grande con uno más pequeño dentro. Está decorado con líneas de colores por todo el borde de la hoja. Dijo que era para mí, porque me quería mucho. Me lo dijo al oído. Creo que era un secreto. Afortunada ella, que aún ve el mundo pintado de colores, tantos como los que usó para decorar la carta.
La lluvia cae sobre Sandra y Ben, allá en la película. Me percato que mi abuela se ha ido a dormir. Quizás, la vida sea como estos momentos de nada, en los que todo pasa sin ser sospechado y en los que el mundo camina en una delgada línea de tiempo constante. ¿Acaso está avanzando el tiempo? ¿Es de día o aún es de noche?
Entonces dice ella -la de la película- de un momento a otro: “la vida es como un corto paseo”. ¿Corto paseo? El mío parece más corto que el de cualquier otro. ¿Otro? ¿Con quién me comparo? ¿Acaso importan estas líneas sin sentido? Y justo entonces, pienso en ti.
¿Has visto cómo las nubes se quedan inmóviles en el cielo? ¿Cómo los árboles se quedan quietos sin mover una sola hoja, ni rama? Justo así me siento ahora. Quieto. Quizás la vida sea en resumen como este momento. La noche silenciosa, el techo aburrido de siempre, y el aire del ventilador. La casa cerrada. Las puertas con llave. Todo seguro. Y aún el miedo. Al igual que Cioran no hago nada, pero las horas se me van con el lápiz y el papel. Mi abuela cree que el problema es dormir demasiado. Pero la verdad es que el problema, es no estar dormido.
Por: Márquez.

martes, 3 de enero de 2012

Una ciudad de Negros (?).



En Cartagena no hay negros. Créanlo, no los hay. Existen trigueños, morenos claros, morenitos, piel acanelada; pero negros, jamás. En esta ciudad de pieles oscuras, ser negro es una vergüenza. Es más, serlo, te pone en peligro de ser excluido e incluso atacado. ¿Recuerdan a la chica que no dejaron entrar a la discoteca por negra? ¿O ya olvidaron a la muchacha negra con sus amigos gays a los que les dispararon balines? Pues bueno, si lo olvidaron recuérdenlo, porque esos son sólo algunos ejemplos.

Vivimos en una Ciudad de irreverencias y ridiculeces. Con el endorracismo a flor de piel. Aquí negro no vota por negro. Y en los restaurantes, los exclusivos, si estas en compañía de un extranjero entonces eres un poco blanco. Es cuando uno reflexiona y se da cuenta, que la ficción es muy parecida a la realidad. ¿O era al revés? Quizás por eso, el sueño de nuestras vidas es conocer un extranjero que nos saque de pobres.

Miremos el  siguiente caso: en las propagandas contra la violencia de la mujer, aparecía el rostro de una negra con una lágrima como portada de la campaña. Y no es que todo lo transformemos en problema, pero me surge una duda: ¿No maltratan a las mujeres de tez clara? ¡Ah, cierto! En esos casos si somos una ciudad de negros. Pero para entrar a las discotecas, tenemos que pensarlo dos veces.

Y no es solo eso. Aquí, para la administración local el tema Afro es una viñeta en sus agendas de programación que llenan con actividades de danza y canto. Los negros son la minoría. Existimos, cuando se trata de mostrar al mundo que somos un país multiétnico y pluri-cultural. Y cuando Cartagena, se muestra como una ciudad para todos.  Del resto, somos esa parte de la población que vive en ciertos barrios – más en unos que en otros-. ¿No se han dado cuenta cuan negros somos? Salgan a las calles y reaccionen.

Pero allí no acaba todo. Miren como nos esforzamos por blanquearnos. El cabello rubio, los lentes de contacto azules, y en fin. Tantas formas para parecernos más a esos otros que tiene la libertad de andar por donde se les antoje. Aunque, cabe aclarar, ser negro es algo complicado. Pero ser negro y pobre, es una maldición. Tanto así, que ser pobre y tener la piel clara te acerca más a los negros que a cualquier otro grupo.

Sentimos vergüenza de nuestra historia. Estamos cansados de ser los que deben agachar la cabeza. Si antes fuimos esclavos, ahora, cuando hablan de negros se remontan a la palenquera, al que vende frutas, al raterito de barrio o al que vive lejos y en condiciones deplorables. ¿Sólo somos eso, acaso? Nos hemos olvidado de la imagen que debemos tener de nosotros mismo.

Si debemos llamar a alguien a la reflexión, es a nosotros. ¿Cómo exigir que nos vean de una manera distinta si nosotros mismos no nos vemos de otra forma? El cambio debe ser desde adentro. Desde esos que le dicen al otro: “negro tenias que ser”. O de ese otro, que al saber que es un negro el que tiene al lado agarra su bolso con mayor fuerza. Y del que siendo negro, jamás reconocerá tal cosa.

Debemos buscar, por todos los medios, dejar atrás esa satanización a la que nos había condenado la religión. Dejar atrás, esa idea que lo único grande que tenemos es la boca, el pene o el culo. ¿Y los cerebros? Hay que hacer más campañas como la que emprendieron los niños de un barrio de la ciudad para re-significar una frase tan peyorativa como “negro tenías que ser”. Hay que creerse la putería y mover las caderas satánicas que tenemos. Pero también, hay que ser médicos, abogados, filósofos, comunicadores, historiadores, antropólogos, luchadores. Debemos mostrar que somos, como todo en Colombia, una amalgama de diferencias y similitudes. Un universo diverso y rico en posibilidades, tan útil para esta sociedad como cualquier otro. 

Por:  Márquez.

Mezcla de sabores y culturas en la navidad cartagenera


Continuando con los Retazos y apropósito de la Navidad que pasó :

Por estos días, cuando todos afinan los detalles para la cena navideña y el año nuevo, en Cartagena cada uno celebra a su manera. La oleada de personas del interior hacia la ciudad, a causa del desplazamiento y en busca de mejores oportunidades, ha hecho que a la hora de celebrar la navidad, muchos quieran regresar, así sea por un día, a sus lugares de origen.

Recordar, entre otras cosas, la comida de mamá, la música propia de la región, las calles del pueblo, el olor a monte. Estas fechas, le dan espacio a una mezcla de sentimientos que nos genera bienestar, hacer un pare, compartir en familia y retomar el camino con más fuerza.

En el barrio Los Almendros, Miguel Ángel Díaz, quien desde hace 7 años vive en Cartagena, celebrará con su familia que viene de Vélez, Santander. Cuenta que tomarán masato santandereano y chicha preparada con miel de caña. La cena estará compuesta por unos pavos rellenos que les mandarán desde Bogotá, ensalada de verduras y arroz con arvejas, propio de su región. Por su parte, amenizarán la noche al ritmo de Darío Gómez y música popular.

En otro punto de la ciudad, barrio Nelson Mandela, sector Los Robles, Yamile Mejía, oriunda de Cocorná, Antioquia, esperará la navidad y el año nuevo trabajando al frente de su tienda Nuevo Mundo. Sin embargo, no es ajena a la época y desde ahora coordina todo lo necesario para pasar la nochebuena con tamales y chicharrones. A su vez, disfrutará la navidad con la ayuda de unos buenos aguardientes y escuchando ranchera y vallenato.

El hecho de emigrar a hacia una nueva región o país, genera una nueva dinámica social de interacción que muchas veces resulta en que los visitantes acogen las costumbres de la región a donde llegan. Eso ha sucedido con muchas familias de la ciudad que hoy en día ya se sienten cartageneros.

Aunque puede llegar a suceder también lo contrario, que las personas foráneas decidan por voluntad propia, conservar sus costumbres, y precisamente fechas especiales como esta, son propicias para reafirmar este tipo de sentimientos.

Muchos barrios de Cartagena como el Pozón y Nelson Mandela son perfectos para encontrar gente de diversas partes de Colombia. De igual manera, los proyectos de vivienda de interés social como Ciudad del Bicentenario, Flor del Campo y Ciudadela Colombiatón, también albergan colombianos oriundos de los cuatro puntos cardinales del país.

Duvian Giraldo es propietario de la panadería La Mejor Esquina en Colombiatón. Desde hace 19 años huyó de su natal Alejandría, Antioquia a causa de la violencia. A pesar de eso, logró dejar atrás sus recuerdos dolorosos y hoy preparan un gran sancocho de gallina para el 24 de diciembre, al calor de unos guaros, música ranchera y de Los 50 de Joselito.

En el vecino Flor del Campo, Aquiles Carriazo, no olvida a su natal Sucre. Este residente de la calle principal del barrio se vino hace 2 años a Cartagena huyendo de la violencia paramilitar. Se dedica a trabajar la madera y hoy puede sacar pecho de que tiene una casa propia e ingresos que le permiten subsistir modestamente. Para la nochebuena ya tiene escogido al cerdo que va a sacrificar para preparar un suculento arroz y también para hacer pasteles.

Muchos de los nuevos moradores de Cartagena, aun cargan con el estigma del desplazamiento y la desconfianza propia de quien ha padecido la violencia. Al mismo tiempo, Cartagena se afianza como una ciudad donde converge gente de todas las regiones.

Por un lado, están los turistas que vienen por placer, y por el otro, compatriotas que vienen de sur a norte arrastrando su miseria, en busca de una mejor suerte. Unas de cal y otras de arena. Sin embargo, en estos barrios, donde muchos ya están acostumbrados a la inseguridad diaria, por estos días se respira calma y tranquilidad, por lo menos una vez al año. A causa de la bendita navidad, deberíamos celebrar más a menudo.

Por:  Rafael Pereira. 

lunes, 19 de diciembre de 2011

Buscar trabajo: todo un oficio

Como esto se trata de retazos, he aquí una idea que llega a este blog. 

Para las personas desempleadas, he aquí decálogo sobre cómo buscar trabajo y no morir en el intento.

Quienes piensan que buscar empleo es sencillo, les cuento que su juicio no puede estar más alejado de la realidad. Muchas veces digo que mi trabajo es buscar trabajo. Lo digo porque los periodos en los que uno está desempleado, pasa por la delgada línea entre el ocio y aprovechar el tiempo al máximo en otras actividades. Si ya tienes experiencia laboral o eres recién egresado, da igual. Hagamos el ejercicio. 

Necesitas en primer lugar, disciplina. Levantarte temprano como si fueras a trabajar. Luego hacer una base de datos de empresas de interés, preferiblemente relacionadas con los gustos personales o de experiencias de trabajo anteriores. Así, dicen los entendidos, tendrás mayores probabilidades de ser contratado. 

Es necesario también agotar el recurso de amigos y conocidos, por aquello de la palanca. Luego viene una titánica y a veces carrera de resistencia haciendo llamadas y mandando mails. No podría explicar lo que se siente al levantar el teléfono, llamar una empresa y que conteste la recepcionista. Acto seguido dices, “me comunica por favor con Recursos Humanos”. 

A continuación existe una alta probabilidad de que en la extensión no contesten. Luego llamar de nuevo, un buen recurso es preguntarle a la recepcionista el número de la extensión, ya con él, marcas directo. Al segundo o tercer intento, contesta alguien, aconsejo no preguntarle a esa persona, pues es muy probable que sea la típica secretaria malgeniada que no sabe nada. 

 Por experiencia propia, puedo decir que es mejor pedir comunicación con el gerente de recursos humanos o la persona encargada de procesos de selección. Al gerente de recursos humanos también es muy probable que se lo nieguen, pero por lo menos la persona encargada de procesos de selección puede que sí le pase. 

 Si le pasa, es mejor ser breve, pues cuando las personas tienen trabajo te miran con cierto desdén, como diciendo “este desocupado”, como el nuevo rico que a menudo no recuerda cuando era pobre. Mejor un corto saludo y directo al grano. Lastimosamente le van a decir que no. Pero entre todas las que haga, es posible que alguna le diga el tan anhelado: “bueno mándeme la hoja de vida”. Cuidado se te olvida el mail o no apuntas porque ni se te ocurra volver a llamar. 

Las agencias de empleo o empresas especializadas en selección de personal, y ponerse una meta diaria de hojas de vida como salida al ocio, son una buena alternativa, así uno desde el fondo del alma, y con razón, sienta que no lo van a llamar nunca. 

Pero pensándolo bien, cuando eres recién egresado es peor. No tienes absolutamente nada en tu hoja de vida que te de “moral” al menos en tu persona, porque es evidente que no eres valorado por el mercado. En este punto se me viene a la mente que por algo muchos terminan de guerrilleros, de qué sirve pagar una universidad costosa, si da lo mismo tener un título que no tenerlo cuando no tienes experiencia. ¿Será que sí se valora tanto a la experiencia? Mentiras, creo que estoy exagerando demasiado, pero ser recién egresado sin experiencia es casi como sentirse ignorante o analfabeto.

Creo que cuando uno vive eso, llega al menos, a una escala mínima de madurez. Pues cuando de una vez por todas, logras conseguir un empleo donde te paguen 700 u 800 mil pesos, para que en tu casa dejen de mirarte mal porque no sales en todo el día y te toca pedir hasta los mil pesos para el bus o para ir a una entrevista de trabajo, te das cuenta de todo lo que cuesta escalar, que la vida no es color de rosa, que con suerte, al cabo de un año, llegues al millón y a los dos, millón y medio, si es que no te quedas sin trabajo y se repite de nuevo el ciclo. 

Te vuelves esclavo del crédito de Jamar o del pagadiario para pagar las crecientes necesidades, porque, ¿quién vive con eso? Muchas veces he pensado que el salario mínimo es un descaro, un eufemismo, un pajazo mental. Aún así, el gobierno dice que en último año se han creado 1 millón 536 mil nuevos puestos de trabajo, ¿pero dónde? 

Dicen que se necesitan obreros para construcción y empleos técnicos para la ampliación de industrias. ¿Entonces qué nos queda? ¿Para qué le pagan a uno colegio y universidad cara, si el mercado dice otra cosa? ¡Desarrollo a la inversa! También dicen que los institutos técnicos crecen sin control por todo el país, ¿estamos rompiendo paradigmas? ¿Adiós a las grandes universidades y centros de pensamiento? El mundo necesita es conocimiento técnico y por supuesto, experiencia. ¿El sentido crítico y analítico se está acabando?

¿Será que como cuando uno está soltero y se le nota el hambre, también la actitud de desempleado es contagiosa? ¿Vale la pena ser “humillado” todos los días por el teléfono y los correos que nadie nunca te responde? ¿O qué mejor estrategia existe para no sentirse morir en el intento?


Por:    Rafael Pereira. 

viernes, 9 de diciembre de 2011

Cuando la vida vale mierda.


Llegan armados y amenazan a todos. Le apuntan con su arma a la cabeza de una de las mujeres presentes en el lugar. Se llevan el portátil, las memorias USB, los bolsos y los celulares.  No contentos, hacen un disparo antes de irse. La gente queda asustada, con el corazón acelerado y con la sensación de haber perdido algo más que las cosas que lograron llevarse. Quizás, perdieron la tranquilidad para siempre. Los tipos se van en su moto. Aceleran. Así, sin más.

Entra al edificio, preguntan por alguien. La secretaria mira al muchacho sentado en el computador enfrente y el tipo asume que es a quien busca y le descarga el arma al muchacho. Luego de eso, baja como si nada en medio de la demás gente que anda en ese lugar. Sale victorioso a continuar con su vida, mientras a alguien le ha robado la suya.

Son solo un par de casos. Una pequeña muestra de las cosas que han empezado a ocurrir en esta ciudad. Nos estamos volviendo, una ciudad de miedos. Y aunque eso no es algo nuevo, pues, la sección de sucesos en el periódico local siempre ha sido una de las más leídas porque nos mostraba esa ciudad de peligros - lo que da cuenta, de una cultura del miedo reinante entre nosotros-, la cosa, ya empieza a volverse preocupante.

Preocupante, los sucesos que últimamente han ocurrido y que jamás hubiésemos sospechado. Tiroteos en plena calle. Asesinos motorizados. Tenemos tanto miedo, que ya son pocas las veces que nos sentamos hasta tarde en las terrazas de nuestras casas. Es que hoy por hoy, andar por ahí en las calles a ciertas horas es buscarse una mala hora. ¿Y es que esas calles no son nuestras? ¿En qué momento las perdimos y se volvieron las calles de esos otros dueños de la noche?

Sospechamos del vecino. Si lo matan, andaba en algún cuento raro. Como si justificáramos la muerte de las personas. Como si necesitáramos licencia para vivir. Y mientras tanto, en el mercado vemos la cantidad de películas caseras con escenarios callejeros en los que niños, niñas y jóvenes cargan armas y las utilizan sin el menor asco contra los otros. ¿Películas? Si así se puede llamar ¿Quién las hace? Pues, lo cierto es que tiene un público muy asiduo. Tanto así, que ves a la gente haciendo rondas entorno a las pantallas para ver las escenas violentas. Eso somos ¡Una ciudad de morbo por la muerte!  En la que nos parece genial, ver cómo alguien le quita la vida a otro. Y mientras, las pandillas en los barrios se matan unas a otras, y matan a los que nada tienen que ver con sus guerras.

Se necesita ser una sociedad muy podrida, para aceptar tantos crimines y situaciones de este tipo como el pan de cada día. Tenemos que ser muy cobardes para dejar que nos gane el miedo. Para permitir que nos roben las calles y los parques. Para dejar que los niños crezcan creyendo que hay personas con el derecho a quitarnos la vida. 

Y me pregunto: ¿Qué es la vida hoy en día? Una vez me dijeron que la vida valía mierda. Ahora sé que me mintieron. La vida hoy en día no vale ni mierda. ¿Qué estamos haciendo? ¿O qué hemos dejado de hacer? El tiempo corre y se hace urgente, despertar de nuestro letargo.


Hay quienes ya han pensado en esto: 


http://blog.chlewey.net/2011/09/viviendo-en-prisiones/

http://www.eluniversal.com.co/columna/%C2%BFnos-van-matar-todos

Por: Márquez.